En una jornada electoral que ha evidenciado un profundo cambio en el mapa político aragonés, las elecciones autonómicas celebradas ayer 8 de febrero de 2026 han dejado un resultado que marca un punto de inflexión para la comunidad. El Partido Popular (PP), encabezado por Jorge Azcón, se ha impuesto como fuerza más votada con 26 escaños, pero su victoria ha quedado lejos de la mayoría necesaria para gobernar en solitario, obligándole a depender de Vox, que se ha erigido en el gran protagonista de la noche al duplicar sus diputados, pasando de 7 a 14 escaños en las Cortes de Aragón.
La cita electoral, convocada de forma anticipada por el presidente regional con la intención de consolidar su posición y reducir la dependencia de la extrema derecha, ha tenido un efecto contrario al esperado por el PP. Los populares retroceden dos escaños respecto a 2023, lo que dibuja un panorama de fragilidad política pese a su condición de primera fuerza.
Cruel derrota para el PSOE y crisis de la izquierda tradicional
La noche fue amarga para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Liderado en Aragón por Pilar Alegría, el PSOE ha igualado su peor resultado histórico al quedarse con 18 escaños, confirmando la tendencia descendente que venía arrastrando en varias comunidades autónomas y que la sitúa cada vez más lejos del pulso político regional.
La fragmentación de la izquierda se ha hecho patente: Podemos y el histórico Partido Aragonés (PAR) han desaparecido del Parlamento autonómico, incapaces de retener el apoyo ciudadano, mientras que Izquierda Unida–Sumar entra con representación mínima y Chunta Aragonesista se erige como el principal referente de la izquierda alternativa con 6 escaños.
El auge de Vox y la normalización de la extrema derecha
El ascenso de Vox ha sido imparable. La formación ultra no solo ha duplicado su presencia en las Cortes, sino que ha celebrado su resultado con euforia y discursos de victoria en su sede de Zaragoza, donde su cabeza de lista, Alejandro Nolasco, declaró que “también en Aragón se quiere el doble de Vox”, subrayando con orgullo un crecimiento que coloca al partido en posición de bisagra política para la gobernabilidad autonómica.
Este auge se produce en un contexto en el que las principales formaciones de derechas han normalizado progresivamente parte del discurso ultra, cuestión que medios progresistas han señalado como síntoma de una derechización más amplia del electorado y del tablero político regional.
Un panorama polarizado y sin mayoría clara
Con 67 diputados en juego, el PP se ha quedado lejos de los 34 necesarios para gobernar en solitario, y aunque es la fuerza más votada, su dependencia de Vox es casi inevitable para desbloquear una investidura. La nueva configuración parlamentaria dibuja un arco político donde la derecha y la extrema derecha son decisivas, mientras la izquierda —tradicional y alternativa— lucha por reagruparse tras los malos resultados.
Estos resultados llegan en un momento de fuerte desgaste para los grandes partidos tradicionales y mientras emergen dinámicas políticas más fragmentadas y polarizadas, que reflejan la compleja realidad social y económica que vive Aragón tras años sin mayorías absolutas y con una ciudadanía cada vez más desencantada.





