Este domingo, Aragón ha vivido una jornada política de gran trascendencia. Por primera vez desde la restauración democrática, la comunidad celebra unas elecciones autonómicas anticipadas y en solitario, sin coincidir con otros comicios nacionales o regionales. La convocatoria llega tras la ruptura del Gobierno autonómico presidido por Jorge Azcón, del Partido Popular, que mantenía los presupuestos prorrogados desde 2024 sin lograr aprobar unas nuevas cuentas. Este bloqueo institucional terminó forzando la disolución de las Cortes y la llamada a las urnas.
Este 8-F no es una cita electoral cualquiera. Se presenta como una prueba de resistencia para la izquierda aragonesa y, especialmente, para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Después de una campaña marcada por la polarización, el cruce constante de acusaciones y una derecha cada vez más coordinada (aunque no exenta de tensiones internas), los socialistas han defendido hasta el último momento la necesidad de preservar políticas públicas orientadas a proteger a la mayoría social.
Participación. Estabilidad en un contexto de cambio.
Uno de los datos más significativos de la jornada está siendo la participación. A las 14:00 horas, el porcentaje de votantes alcanzó un 40,92%, prácticamente idéntico al registrado en las elecciones de 2023, con un 40,96%.
Esto indica que, pese al contexto de elecciones anticipadas y la crispación política que esto ha generado, el electorado aragonés ha respondido con una movilización similar a la de hace tres años.

Imagen: El pulso ciudadano se mantiene. La participación a mediodía refleja una cercanía casi total con la de 2023, a pesar del desgaste de la campaña y de la sensación de derrota anticipada que algunas encuestas han tratado de instalar.
Resultados y primeras tendencias.

Fuente: estimaciones basadas en sondeos preelectorales publicados por Cadena SER y el barómetro de GAD3.
Aunque el recuento completo aún estaba en curso a media jornada, los datos disponibles y sondeos apuntan a una victoria del Partido Popular (PP) bajo la dirección de Jorge Azcón, aunque sin una mayoría absoluta clara. Este escenario podría obligar a los populares a buscar acuerdos, previsiblemente con Vox, para garantizar la gobernabilidad.
La formación ultraderechista podría convertirse en una de las grandes protagonistas de la noche electoral. Las encuestas le otorgan la mayor mejora respecto a 2023, lo que la situaría en una posición decisiva para negociar la formación de un futuro Ejecutivo autonómico.
Por su parte, el Partido Socialista concurre a estos comicios con Pilar Alegría como candidata, una figura de peso dentro del partido y respaldada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Sin embargo, los sondeos anticipan uno de los resultados más complejos para los socialistas en los últimos años, con una estimación cercana al 23% de los votos y entre 17 y 18 escaños, por debajo de los 23 obtenidos en 2023.
Este retroceso reflejaría un desgaste progresivo de su base electoral, en un contexto internacional donde el auge de opciones conservadoras y ultras se ha convertido en tendencia.
Los socialistas han asumido estas cifras sin renunciar a sus principales banderas: la defensa de los servicios públicos, de los derechos laborales, de la sanidad y de la educación como pilares del Aragón que quieren construir. Por otro lado, Pilar Alegría ha denunciado durante toda la campaña la estrategia de confrontación y agresión política promovida por sus rivales y ha instado a la movilización del voto progresista hasta el último momento.
A pesar de las dificultades, el PSOE apuesta por transformar el desánimo en movilización activa, insistiendo en que cada voto es clave para frenar el avance de la extrema derecha y proteger los avances sociales logrados en los últimos años.
Una izquierda fragmentada, pero con un objetivo común.
Uno de los desafíos más importantes para el PSOE ha sido la fragmentación del espacio de izquierdas. Fuerzas como Chunta Aragonesista, Izquierda Unida-Movimiento Sumar y Podemos han competido en un contexto complejo, diluyendo parte del voto progresista y complicando la posibilidad de una coalición sólida.
Este panorama ha obligado al PSOE a enfatizar la necesidad de unidad, subrayando que solo con una izquierda cohesionada es posible contrarrestar el avance de la derecha radical y asegurar políticas sociales ambiciosas para Aragón.
El país en juego.
Los resultados de estas elecciones representan una primera toma de contacto con los datos recientes a nivel nacional y autonómico. Aragón se convierte en un termómetro del ánimo ciudadano ante el movimiento ultra, la movilización de las campañas de desinformación y la privatización de servicios públicos esenciales por parte de algunos regidores autonómicos, que han llevado a la creación de un clima de crispación a nivel nacional que podrá dilucidarse en parte en estos comicios.
Para todo el bloque progresista, este domingo no solo se decide quién liderará el ejecutivo autonómico, sino qué modelo de región queremos. Frente al modelo de políticas de derechas y la influencia de las formaciones ultraconservadoras donde cada vez va primando más el individualismo salvaje, se encuentra el modelo progresista, centrado en la justicia social, el empleo digno y la igualdad de oportunidades como pilares fundamentales.
Este 8-F será recordado no solo por los números, sino por lo que representan, siendo un momento clave para el Partido Socialista y las demás fuerzas progresistas de Aragón.
La estabilidad en la participación demuestra que la ciudadanía continúa comprometida con el futuro de su comunidad, pese a la tensión política y social. Ahora corresponde al electorado transformar ese compromiso en un respaldo claro al modelo de región que desea para los próximos años.




