Hace no mucho tiempo, poco después de que llegara la “gran reforma sanitaria” con la Ley General de Sanidad , la Ley de Salud de Andalucía y, algo más tarde, nuestra referencia normativa por excelencia: La Ley 55/2003 de 16 de diciembre, conocida como Ley del Estatuto Marco, hubo un sistema sanitario público en Andalucía envidiado y ensalzado por todos. Era la “joya de la corona” y ciertamente eran otros tiempos.
Se pasó de una sanidad pública “de beneficencia” a una sanidad pública con indicadores en calidad elevados. Una asistencia sanitaria universal y gratuita, con altos índices de satisfacción por parte de la ciudadanía y los profesionales, en la que la primera era el centro del sistema y los segundos recuperaban derechos y mejoraban condiciones laborales y retributivas. Se avanzó en prevención de riesgos laborales, en la protección del personal y en la vigilancia de la salud. También en planes formativos específicos, condiciones en la atención continuada y se trabajaba entonces con la sensación de seguridad y pertenencia a una gran empresa pública y con un sentimiento de servicio público profundamente arraigado en todo el personal de la sanidad andaluza.
Los 90 representaron nuestra década de oro. Fueron años con una Atención Primaria de primera que garantizaba una asistencia sanitaria continua, permanente y longitudinal como puerta de entrada y eje vertebrador de nuestro sistema sanitario público, capaz de sortear dificultades y afrontar con éxito un crecimiento en prestación de servicios, tecnificación y nuevas funciones. Pero después se dio paso a un declive progresivo con una gestión cada vez más política que técnica y una etapa de recortes culminada con la crisis del 2010, que finalmente acabó provocando un cambio político en la Junta de Andalucía.
Con aires renovados en la Consejería de Salud, los profesionales empezamos a recuperar la ilusión, pero los males del sistema eran muchos y muy incardinados, como la falta de inversiones que nos hacía estar a la cola de todas las comunidades autónomas, plantillas muy por debajo de las ratios mínimas necesarias, ausencia de sustituciones, falta de profesionales en algunas categorías (como médicos y pediatras en Primaria), bolsa de empleo ineficaz, contratos mes a mes, fuga de profesionales o pérdida de poder adquisitivo de más de un 25% en los últimos 15 años. Además, se cambió de rumbo hacia una dispensarización de servicios sanitarios basada en protocolos, pero alejada del paciente y la necesaria confianza y personalización en la prestación de dichos servicios. Luego nos sorprendió la pandemia de la COVID 19, que terminó de hacer saltar las maltrechas costuras de nuestro querido SAS, con unas listas de espera interminables y una Primaria desbordada, aún por recuperar.
Necesitamos ilusionarnos de nuevo los profesionales y… ¿por qué no decirlo? La ciudadanía necesita también volver a ilusionarse con la sanidad pública.
El acuerdo firmado por CSIF Sanidad Andalucía en mayo del pasado año 2023 por la mejora de la Atención Primaria y Carrera Profesional debe ser el inicio de la senda de la recuperación de este primer nivel asistencial, hasta ahora sostenido por la profesionalidad y entrega de los que trabajamos en él. Supondrá un esfuerzo en inversión alcanzando el 25% del total del presupuesto en sanidad , que a su vez debe superar el 7% del PIB. Esto permitirá aumentar plantilla de profesionales, recuperar algunos de los que perdimos con los años, como fue el caso de los trabajadores sociales, e incorporar nuevas categorías y especialidades para una nueva cartera de servicios más amplia y actualizada, como será la enfermería escolar, enfermería familiar y comunitaria, psicología clínica, técnicos en salud buco-dental , y administrativos de apoyo a la gestión sanitaria, además de reforzar las ya existentes como Fisioterapia , Terapia Ocupacional y Trabajo social. También reforzará con más personal las Unidades de Salud Mental e incorporará nuevas especialidades en enfermería como la de familiar y comunitaria o la de pediatría. Eso sí: El acuerdo por la Primaria debe cumplirse en su integridad y vamos a estar muy pendientes de que así sea.
En CSIF seguimos trabajando para que se refuercen servicios tan importantes como las Unidades de Prevención, con nuevos profesionales que den soporte a profesionales mediante la evaluación de riesgos psicosociales, adaptación de puestos de trabajo, reducción de cargas de trabajo y mejoras en la conciliación familiar y laboral a través de los acuerdos firmados en función pública por nuestro sindicato. Seguridad en salud laboral y entornos seguros, así como una mayor protección frente a agresiones son otros de nuestros objetivos.
La apuesta por un sistema sanitario público potente tiene que fundamentarse en un esfuerzo en inversión, pero sobre todo en unas políticas decididamente orientadas a su desarrollo y mejora continua. No basta con parches puntuales. La ciudadanía, que confía sobradamente en los profesionales, necesita confiar en sus políticos y sus gestores, y no sólo que se mejoren las listas de espera y se esté dentro de los plazos de garantía para procesos quirúrgicos de 90 o de 120 días.
Los profesionales soñamos con un sistema que nos haga recuperar la ilusión, que entienda que somos el mejor activo que tiene y que vigile y cuide de nuestra seguridad y salud y de nuestras condiciones laborales. Un sistema que otorgue a su personal de un sentido de pertenencia a una gran empresa con una clara y evidente vocación de servicio público, como eje principal del Estado de Bienestar y cohesión social. Queremos seguir cuidando la sanidad pública con la profesionalidad y el ánimo con la que lo hemos hecho siempre, y confío plenamente en que lo vamos a conseguir.
Victorino Girela
Presidente del Sector de Sanidad de CSIF Andalucía




