¡Niño, deja lo que estés haciendo y atiende! Que aquí en el sur, si nuestras mujeres dicen «hasta aquí hemos llegado», Andalucía se queda más parada que un reloj de escayola. Estamos hablando de que ellas son las que levantan la persiana, las que llevan el compás de la casa y las que le echan casta a esta tierra para que no se nos hunda el chiringuito. Como ellas se crucen de brazos, ¡ya podemos ir recogiendo, que se acaba el invento!
La Mujer: El «Compás» y La Llave Maestra que Mueve a Andalucía
Mire usted, que en Andalucía las cosas hay que decirlas claritas y con fundamento: si las mujeres de esta tierra decidieran un día cruzarse de brazos, nuestra autonomía se quedaba «mú lacia» y se paraba en seco. No es solo que levanten la persiana de los negocios con el alba; es que son el cimiento de la casa y el motor que le da el empuje a nuestra bandera.
Esa «economía del corazón», que no sale en los libros de cuentas pero que alimenta a los barrios y mantiene vivos a los pueblos, es hoy el rostro de una Andalucía que no sabe lo que es estarse quieta.
En el campo y en la oficina, la mujer es la viga maestra que sujeta nuestro patrimonio. Ya no están ahí solo «echando una mano»; ahora son ellas las que llevan el timón de la empresa privada desde los cimientos.
Desde el olivar de Jaén hasta los invernaderos de Almería, la andaluza ha pasado de trabajar en la sombra a ocupar la gerencia. Y ojo, que vienen pisando fuerte: son ellas las que están metiendo la digitalización y la sostenibilidad en el campo y en la tecnología. Tienen una visión de negocio que es «canela en rama», guardando el saber de las abuelas pero con un sello de calidad que no se puede aguantar.
Ese poderío se nota en cada esquina del sur, pero todavía queda faena por delante para que esa garra se convierta en igualdad de la buena en todos los niveles de decisión. Se está sudando la camiseta para que el talento, que no entiende de faldas ni de pantalones, mande lo mismo en una junta directiva que en un cortijo.
En las instituciones no están para rellenar un hueco; están porque su mirada es la llave maestra para que los pueblos no se vacíen y para que la sociedad no se despegue. Ellas son el pegamento que une cada proyecto público o privado.
Nuestras mujeres están diseñando el futuro con una capacidad de mando que “quita el sentío”, desde la política hasta la alta dirección.
Reconocer lo que valen es de justicia, porque son la pieza fundamental de nuestra tierra. De Almería a Huelva, cuando la mujer tira hacia adelante en la institución y la empresa, la blanca y verde ondea con más fuerza que nunca.
Y es que, puertas para adentro, la mujer andaluza es el alma que mantiene encendida la candela del hogar. Es la que organiza el tiempo como si fuera un encaje de bolillos, cuidando de los mayores con una paciencia infinita y criando a los que vienen con los valores de siempre. Esa intendencia invisible, que ni se paga ni se agradece lo suficiente, es el refugio donde se sostiene nuestra alegría; porque en una casa donde la mujer lleva el timón con ese arte y ese coraje, nunca falta el cariño ni el empuje para afrontar lo que venga por la puerta.
¡Vaya un «ole» por ese esfuerzo que no siempre se ve, pero que nos pone el pan en la mesa y nos da la vida a todos!



