Un estudio revela que el dióxido de nitrógeno no solo afecta al exterior de los colegios, sino también al interior de las clases
La contaminación del aire ya no se queda en la puerta de los colegios. Un nuevo informe de Ecologistas en Acción advierte de que los escolares españoles respiran dióxido de nitrógeno (NO₂) también dentro de las aulas, un dato que refuerza la preocupación sobre el impacto de la polución en la salud infantil.
El estudio, basado en mediciones realizadas en 412 entornos escolares de 66 municipios, concluye que el 96% de los centros analizados supera los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), situados en 10 microgramos por metro cúbico.
La contaminación no se queda fuera
La principal novedad de esta campaña es que, por primera vez, se han realizado mediciones en el interior de las aulas. Los resultados son contundentes: en el 80% de los espacios analizados dentro de los colegios también se superan los niveles recomendados por la OMS.
Esto rompe la idea de que el aula es un espacio protegido frente a la contaminación exterior. Según los expertos, los contaminantes penetran fácilmente en los edificios escolares, especialmente en aquellos situados en zonas con alta densidad de tráfico.
“En el interior de las clases también se respira dióxido de nitrógeno”, subrayan los responsables del estudio, que alertan de que la exposición es continuada durante horas, justo en los espacios donde los menores pasan la mayor parte de su jornada.
Niveles legales, pero no seguros
Aunque la mayoría de las mediciones se sitúan por debajo del límite legal vigente en España (40 µg/m³), los expertos consideran que estos valores son “alarmantes” desde el punto de vista sanitario, especialmente para la población infantil.
De hecho, 249 entornos escolares superan ya el umbral de 20 µg/m³ que será obligatorio en la Unión Europea a partir de 2030, lo que anticipa un problema que no es coyuntural, sino estructural.
Solo una minoría de centros cumple con las recomendaciones internacionales, lo que evidencia una exposición generalizada a niveles de contaminación que pueden afectar al desarrollo de los menores.
Impacto en la salud infantil
El dióxido de nitrógeno está asociado principalmente al tráfico rodado y tiene efectos directos sobre la salud. En el caso de los niños, el riesgo es mayor debido a que sus pulmones y su sistema inmunológico están aún en desarrollo.
Los estudios vinculan la exposición prolongada a este contaminante con problemas respiratorios, agravamiento del asma y dificultades cognitivas, además de un posible impacto en la capacidad de atención y aprendizaje.
Además, los menores respiran más aire en proporción a su tamaño que los adultos, lo que incrementa la cantidad de contaminantes que incorporan a su organismo.
El tráfico, principal responsable
El informe vuelve a señalar al tráfico como el principal origen de la contaminación en los entornos escolares. Los centros situados cerca de vías con alta circulación de vehículos registran niveles significativamente más altos de NO₂.
Este patrón se repite en distintas ciudades y comunidades autónomas, lo que refuerza la idea de que el problema no responde a casos aislados, sino a un modelo urbano que prioriza el tráfico frente a la salud.
Medidas urgentes: menos coches y más espacios seguros
Ante esta situación, Ecologistas en Acción reclama una intervención urgente de las administraciones. Entre las medidas propuestas destacan la restricción del tráfico en los entornos escolares, la reducción de la velocidad, la creación de caminos escolares seguros y el impulso de la movilidad activa, como ir andando o en bicicleta.
También se insiste en la necesidad de aplicar de forma efectiva las zonas de bajas emisiones, obligatorias en muchas ciudades desde 2023, pero aún sin plena implantación en numerosos municipios.
Un problema invisible en el debate educativo
La calidad del aire en los colegios sigue siendo un asunto poco presente en el debate público, a pesar de su impacto directo en la salud y el rendimiento del alumnado.
Mientras se discuten cuestiones como ratios o metodologías educativas, la contaminación aparece como un factor silencioso que condiciona el día a día en las aulas.
El aire que se respira en las aulas debería ser un elemento básico garantizado, no una amenaza invisible. Sin embargo, los datos muestran que la contaminación forma ya parte del entorno educativo, obligando a replantear no solo la movilidad urbana, sino también las políticas de protección de la infancia en las ciudades.



