«He soñado en mi vida, sueños que se han quedado conmigo para
siempre, y han cambiado mis ideas; me han atravesado, como el vino a
través del agua, y han alterado el color de mi mente.»
Emily Brontë
Hacía años que no soñaba, mejor dicho, que no recordaba lo que había soñado.
Cuando Tomás lo dejó solo, Rubén se durmió, no se fue a la cama, se dejó caer sobre las
octavas reales.
Cada vez que cerraba los ojos se proponía soñar con Rubí, solo en sueños podían volver
a estar juntos, la invocaba de todas las maneras posibles, no solo con el pensamiento,
forró su almohada con fotos de ella, su nombre era un mantra, Ru-bí-Ru-bí.
Pero pedir no sirve de nada en el mundo del subconsciente, siempre la misma escena,
siempre recordaba la misma cara pálida y cadavérica.
La voz, es lo primero que se olvida tras la muerte y lo que más intentas recordar,
reproducir, nunca me habla en sueños, siempre está muriendo, por eso apenas duermo.
Pero hoy ha sido diferente, he soñado con Sombra, el perro de mi madre, más que soñar
con él, he sentido como si viese por sus ojos.
Ha sido tan vívido, tan real.
Me encontraba echado en una pradera verde, inmensa, inabarcable con los ojos,
interminable, Mariposas blancas danzaban ante mí, sentía el calorcito del sol al
mediodía, la brisa fresca, Suave, tierna, escuchaba la respiración del galgo, mi
respiración, suave, relajada, profunda.
De un salto, apareció una gigantesca liebre, quisimos correr tras ella, lo intentamos,
pero no podíamos, las raíces se levantaron del suelo y nos agarraron fuerte, nos
apretaron contra él, resoplamos de impotencia, la liebre que antes corría, al ver que no la
seguíamos se paró, con una pata golpeó sus orejas, se nos quedó mirando por largo rato.
Se acercó lentamente a nosotros, mordió las raíces, nos liberó.
Entonces corrió ella primero y nosotros después, en una carrera eterna.
Este fragmento corresponde a un capítulo de Sombras una novelita que todavía no
existe, sigo escribiéndola, pero me sirve para adentrarme en el mundo de los sueños, al
igual que este poema;
Te describo, para no olvidarte
Aunque seas un sueño.
Morena,
Olas por pelo
Esmeraldas por ojos.
Dibujabas en un cuaderno de papel grueso,
Naranjos.
El cuadro estaba terminado,
A mí me parecía precioso
Pero tú
Desesperada, buscabas un último tono nacarado
Un blanco
El Rocío que cubrió al árbol
Pasaste toda la noche en el campo
Para pintar ese blanco
Ese paso del frío,
Esa última capa,
Que no noto,
Que nadie aprecia.
Yo vi ese blanco en tu rostro,
Te cubrí la cara
Con mi capa
Antes de encender tú tez
De sonrojar tus mejillas
Atrapé en el aíre
El blanco que buscábamos
Dándole brillo a tus naranjas.
Tú me miraste, antes de despertar
Pues eres un sueño
No puedes ser real.
Te guardo por si un día nos cruzamos.



