Un riesgo económico que vuelve desde los años 70
La escalada del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel no solo está sacudiendo el tablero geopolítico internacional, sino que comienza a generar una preocupación creciente en el ámbito económico: el regreso de la estanflación. Un término prácticamente desterrado desde la crisis del petróleo de los años 70 que hoy vuelve a estar sobre la mesa de gobiernos, bancos centrales y organismos internacionales.
La estanflación —la combinación de inflación elevada y estancamiento económico— aparece como uno de los escenarios más temidos si la guerra se prolonga en el tiempo. Europa, especialmente dependiente de la energía exterior, se sitúa entre las regiones más vulnerables ante este posible giro económico.
El petróleo, clave en la amenaza global
El detonante principal de este riesgo es el encarecimiento de la energía. El conflicto ha tensionado uno de los puntos estratégicos del comercio mundial: el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte esencial del petróleo global. La interrupción o bloqueo de esta ruta ha disparado los precios del crudo, que ya se sitúan en niveles cercanos a los 120 dólares por barril.
Este encarecimiento se traslada directamente al conjunto de la economía: aumenta el coste del transporte, de la producción industrial y, en última instancia, del consumo diario de los ciudadanos. El resultado es una inflación persistente que, combinada con la desaceleración económica, alimenta el temor a un escenario de estanflación similar al vivido hace cinco décadas.
Bancos centrales en alerta
Las principales autoridades económicas ya manejan escenarios preocupantes. Desde el Banco Central Europeo (BCE) se advierte de que, en el peor de los casos, la inflación podría superar el 6% en los próximos años si el conflicto no se resuelve.
El Banco de España, por su parte, también ha alertado del impacto potencial en la economía nacional, con previsiones que apuntan a un aumento significativo de los precios y una pérdida de dinamismo económico.
Aunque por el momento no se puede hablar de estanflación como realidad consolidada, los expertos coinciden en que el riesgo es cada vez más tangible si la guerra se enquista y se prolonga durante meses.
Impacto directo en Europa y España
Europa afronta este escenario con una posición delicada. La dependencia energética del exterior y la fragilidad de algunos sectores industriales hacen que el continente sea especialmente sensible a los shocks de precios energéticos.
En el caso de España, los análisis prevén un doble efecto: aumento de la inflación y reducción del crecimiento económico. Algunos estudios ya anticipan que el conflicto podría restar hasta un punto al PIB en escenarios más adversos, al tiempo que eleva el coste de la vida para los hogares.
Además, el encarecimiento sostenido de los productos básicos y la energía amenaza con seguir erosionando el poder adquisitivo de las familias, en un contexto en el que los salarios no han crecido al mismo ritmo que los precios en los últimos años.
Un conflicto con efectos globales
Más allá de Europa, el impacto de la guerra tiene alcance global. La interrupción del comercio energético y de materias primas está generando tensiones en mercados internacionales y podría derivar en una desaceleración generalizada de la economía mundial.
El cierre parcial de rutas clave, como el estrecho de Ormuz, no solo afecta al petróleo, sino también a otros recursos estratégicos, lo que incrementa la presión sobre los precios y agrava la incertidumbre económica.
En este contexto, los mercados financieros reaccionan con volatilidad constante, muy sensibles a cualquier movimiento político o militar que pueda alterar el rumbo del conflicto.
Un equilibrio frágil
El gran interrogante ahora es la duración de la guerra. Si el conflicto se resuelve en el corto plazo, el impacto económico podría ser limitado y transitorio. Sin embargo, si se prolonga, el escenario de estanflación dejaría de ser una amenaza para convertirse en una realidad con profundas consecuencias.
Las lecciones de los años 70 siguen presentes en la memoria económica global: una crisis energética puede desencadenar un periodo prolongado de bajo crecimiento y alta inflación difícil de revertir. Hoy, medio siglo después, ese mismo fantasma vuelve a acechar.



