El socialista António José Seguro y el líder ultraderechista André Ventura se enfrentarán en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales portuguesas, prevista para el próximo 8 de febrero.
Ambos fueron los más respaldados en la primera ronda celebrada este domingo, con el 31,1 % y el 23,5 % de los votos, respectivamente. En tercera posición quedó el liberal João Cotrim de Figueiredo, que obtuvo el 16 %, seguido del independiente Henrique Gouveia e Melo (12,3 %) y del conservador Luís Marques Mendes (11,3 %).
El resultado supone un importante balón de oxígeno para el Partido Socialista tras tres años de retrocesos electorales. «Nuestra victoria es también una victoria de la democracia», afirmó Seguro, visiblemente afónico, al tiempo que llamó a los sectores progresistas a unirse para «frenar a los extremismos». El candidato socialista aseguró que la “esperanza” será el eje de su proyecto presidencial, con un mensaje centrado en la cohesión social, el cuidado de los mayores y la inversión en la juventud, subrayando que «no existen portugueses de primera ni de segunda». Fuera del acto, simpatizantes coreaban «Seguro é fixe», recuperando un lema popularizado en la campaña que llevó a Mário Soares a la Presidencia.
Por su parte, André Ventura consolidó su crecimiento político y se reafirmó como una figura central del panorama portugués. «Portugal ha despertado», proclamó ante una multitud de seguidores, defendiendo que su partido representa la única alternativa frente a un socialismo que, según él, ha dañado al país. Ventura celebró que, pese a la fragmentación de la derecha, los votantes hayan otorgado a su formación el liderazgo de ese espacio político, entre gritos de «Portugal es nuestro». También denunció décadas de riqueza desaprovechada y exclusión social desde la Revolución de los Claveles, y dio por derrotado al candidato respaldado por el Gobierno.
Ese candidato, Luís Marques Mendes, fue el gran perdedor de la noche. Apoyado por el Partido Socialdemócrata (PSD), que actualmente gobierna, asumió rápidamente la responsabilidad de los resultados: «El error ha sido mío y solo mío». El primer ministro, Luís Montenegro, lamentó que su sector político no esté presente en la segunda vuelta y confirmó que el PSD no participará activamente en la campaña. Tanto Montenegro como Marques Mendes insistieron en que no pedirán el voto para ninguno de los finalistas y apelaron a la libertad de conciencia de los electores.
Henrique Gouveia e Melo evitó posicionarse, alegando que aún es pronto para hacerlo, mientras que Cotrim de Figueiredo rechazó apoyar a ninguno de los candidatos en lo que calificó como una «mala elección». Desde la izquierda, Catarina Martins, del Bloco de Esquerda, alertó sobre una posible «trumpización» del país y pidió el voto para Seguro, postura compartida por Jorge Pinto, de Livre, que no alcanzó el 1 % de los sufragios.
Viraje conservador
Los resultados confirman la tendencia hacia la derecha ya observada en las últimas elecciones legislativas. Sumados, los tres candidatos claramente conservadores superan el 50 % de los votos, incluso sin contar al centrista Gouveia e Melo, de perfil también moderadamente conservador.
Por este motivo, numerosos analistas interpretan la segunda vuelta no tanto como un clásico duelo entre izquierda y derecha, sino como una confrontación entre dos modelos de sistema político: la democracia liberal frente a una visión iliberal.
Las encuestas señalan a Ventura como el aspirante con mayor rechazo entre el electorado, lo que podría movilizar a un mayor número de votantes en su contra en la segunda vuelta. Aunque parte con opciones limitadas de victoria, esta cita electoral servirá para medir su verdadero techo político. Su progresión ha sido rápida desde que logró su primer escaño en 2019; en las presidenciales de 2021 quedó tercero con un 12 %, y desde mayo lidera la oposición parlamentaria. Seguro, en cambio, ha reaparecido con una imagen de solidez tras años apartado de la primera línea, después de perder el liderazgo socialista frente a António Costa.
Será la primera vez en cuatro décadas que la Presidencia de la República se decide en una segunda vuelta, algo que no ocurría desde el mandato de Mário Soares. En los 50 años de democracia portuguesa, el país ha contado hasta ahora con cinco presidentes.




