Era mi primer curso de Sociología y Trabajo Social en la Universidad Pablo de Olavide. Entré en septiembre de 2019, y como prácticamente cualquier persona primeriza, abundaba la emoción, acompañada de incertidumbre, miedos, inseguridades, etc. Desde septiembre de 2019 transcurrieron varios meses… hasta marzo de 2020, ¿Qué hito tan significativo tuvo lugar a nivel internacional? La pandemia.
Ésta nos obligó a replantearnos el sistema educativo casi de un día para otro, demostrando que la educación a distancia no solo era posible, sino necesaria en situaciones excepcionales.
Más recientemente, en Andalucía, el cierre de centros educativos debido a temporales volvió a poner sobre la mesa la importancia de poder continuar las clases desde casa. Estos ejemplos dejan claro que la educación online es una herramienta útil y, en muchos casos, imprescindible en la actualidad.
Sin embargo, reconocer la utilidad de la educación a distancia en momentos puntuales no implica sustituir la educación presencial de forma permanente. El aula física sigue siendo insustituible, sobre todo enfocado a niños/as y adolescentes: fomenta la socialización, el aprendizaje colaborativo y el desarrollo emocional del alumnado. La presencia del profesorado, el contacto directo y el ambiente educativo son elementos clave que no se pueden replicar del todo a través de una pantalla.
En este debate también entra en juego el uso de los teléfonos móviles en las aulas. Yo misma cuando pasé a estudiar 3º de la Eso en otro pueblo lo llevaba en la mochila para estar localizable por motivos familiares o de transporte. En ese sentido, el móvil puede ser una herramienta de seguridad y tranquilidad tanto para las familias como para el propio alumnado.
No obstante, permitir su uso durante las clases sí supone más riesgos que beneficios. Los móviles son una fuente constante de distracciones y dificultan la concentración. Además, en la actualidad, con el peso que tienen las redes sociales, su uso en el aula puede derivar en problemas graves: fotografías o vídeos sin consentimiento, burlas, ciberacoso y vulneración de la privacidad tanto de alumnos como de profesores. Estos comportamientos no solo afectan al aprendizaje, sino que pueden tener consecuencias emocionales y legales importantes.
Por todo ello, una postura equilibrada parece la más adecuada: móviles permitidos por necesidad y seguridad, pero apagados y guardados durante las clases. La educación presencial debe seguir siendo la base del sistema educativo, apoyada por la educación a distancia únicamente en situaciones excepcionales. El objetivo final debe ser siempre proteger el aprendizaje, la convivencia y la privacidad en los centros educativos, adaptándonos a los tiempos sin perder de vista lo esencial.
Eva Prieto Segura
Socióloga y Trabajadora Social



