Las calles de decenas de ciudades españolas volvieron a llenarse este 8 de marzo con motivo del Día Internacional de la Mujer, en una jornada de movilización feminista que este año ha estado marcada por un mensaje político especialmente contundente: la defensa de los derechos de las mujeres frente al auge de la extrema derecha y el rechazo a las guerras que sacuden el panorama internacional.
Desde primera hora del día, miles de personas comenzaron a concentrarse en plazas y avenidas de ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia o Bilbao para participar en las marchas convocadas por colectivos feministas. Las manifestaciones, que se repiten cada año desde hace décadas pero que adquirieron una dimensión masiva en España a partir de 2018, volvieron a demostrar la capacidad de movilización del movimiento feminista.

El ambiente de las marchas combinó el tono reivindicativo con una atmósfera festiva, con batucadas, pancartas, performances y consignas coreadas a lo largo de los recorridos. Pero junto a las demandas tradicionales del movimiento feminista, este año las protestas estuvieron atravesadas por un contexto político y geopolítico especialmente tenso.
Un 8M marcado por el contexto internacional
En muchas de las pancartas que se podían ver durante las manifestaciones aparecían mensajes que vinculaban la lucha feminista con la defensa de la paz y la democracia. Consignas como “No a la guerra”, “El feminismo será antifascista o no será” o “Ni guerras que nos destruyan ni una paz que nos oprima” reflejaban la preocupación de los colectivos feministas por el momento internacional.

La escalada de conflictos armados en distintas regiones del mundo, así como el crecimiento de fuerzas políticas de extrema derecha en varios países europeos, han influido claramente en el tono político de las movilizaciones de este año.
En ese sentido, el movimiento feminista ha insistido en subrayar que los conflictos armados afectan de forma especialmente dura a las mujeres, que suelen sufrir con mayor intensidad las consecuencias de la violencia, los desplazamientos forzados o la pérdida de derechos básicos en contextos de guerra.
Durante las marchas también se pudieron ver numerosas referencias de solidaridad con mujeres de países como Irán, Afganistán o Palestina, cuyos derechos han sido objeto de especial atención en el debate feminista internacional.

Reivindicaciones históricas que siguen vigentes
A pesar de la presencia de estas cuestiones internacionales, las reivindicaciones históricas del movimiento feminista siguieron ocupando un lugar central en las movilizaciones.
Las manifestantes reclamaron igualdad real entre mujeres y hombres, el fin de la violencia machista, la reducción de la brecha salarial y el reconocimiento social y económico del trabajo de cuidados, una de las demandas más repetidas en los últimos años.

Las organizaciones convocantes recordaron que, a pesar de los avances legislativos y sociales logrados en las últimas décadas, las mujeres siguen enfrentándose a desigualdades estructurales en ámbitos como el empleo, la conciliación o la participación política.
Según los colectivos feministas, la movilización del 8M sigue siendo necesaria para visibilizar esas desigualdades y para defender los derechos conquistados frente a lo que consideran una creciente ofensiva reaccionaria contra el feminismo.
Un movimiento amplio y diverso
Las marchas del 8 de marzo reflejaron también la diversidad interna del movimiento feminista. En muchas ciudades participaron mujeres de distintas generaciones, colectivos sociales, sindicatos, asociaciones estudiantiles y organizaciones vinculadas al ámbito cultural.
La presencia de jóvenes fue especialmente visible en algunas manifestaciones, donde se pudieron ver pancartas y consignas que combinaban reivindicaciones feministas con mensajes relacionados con el cambio climático, la precariedad laboral o la defensa de los servicios públicos.
Aunque el feminismo español mantiene debates internos sobre cuestiones como la prostitución o la legislación sobre identidad de género, las movilizaciones del 8M volvieron a mostrar que existe un amplio consenso en torno a la defensa de la igualdad y los derechos de las mujeres.

Las calles como espacio político
Las manifestaciones del 8 de marzo se han consolidado en España como una de las principales jornadas de movilización social del año. Para muchas organizaciones feministas, salir a la calle sigue siendo una herramienta fundamental para mantener la presión política y social sobre las instituciones.

La jornada de este año ha vuelto a demostrar la capacidad del movimiento feminista para articular reivindicaciones que van más allá de la igualdad de género y que conectan con debates más amplios sobre democracia, justicia social y paz.
En un contexto internacional marcado por conflictos armados, tensiones políticas y el avance de discursos reaccionarios, las manifestaciones del 8M han querido enviar un mensaje claro desde las calles: la lucha por los derechos de las mujeres forma parte también de la defensa de la democracia y de la paz.



