Los datos cuestionan el relato de crecimiento del Gobierno de Moreno Bonilla y sitúan a Andalucía a la cola en renta y a la cabeza en desigualdad.
El relato del llamado “milagro económico andaluz”, impulsado por el Gobierno de Juanma Moreno, se enfrenta a una realidad más compleja de lo que reflejan los indicadores macroeconómicos. A pocos días de las elecciones andaluzas del 17 de mayo, distintos informes y análisis coinciden en señalar que, pese al crecimiento económico y la mejora de algunos datos de empleo, Andalucía continúa siendo la comunidad con menor renta per cápita y una de las más afectadas por la pobreza en España.

Crecimiento económico con profundas desigualdades
Durante los últimos años, el Ejecutivo andaluz ha defendido su gestión apoyándose en cifras como la reducción del paro o el aumento de la actividad económica. Sin embargo, estos avances no se han traducido en una mejora homogénea de las condiciones de vida.
Según los datos disponibles, Andalucía sigue presentando una brecha significativa respecto a la media nacional en términos de renta. La renta media por persona se sitúa varios miles de euros por debajo del conjunto del país, lo que evidencia un desfase estructural que no se ha corregido.
A esta realidad se suma un problema aún más grave: la persistencia de altos niveles de pobreza y exclusión social, que afectan a una parte importante de la población andaluza.
La pobreza, una asignatura pendiente
Uno de los indicadores más contundentes es la tasa AROPE (riesgo de pobreza o exclusión social), que sitúa a Andalucía en torno al 34,7%, muy por encima de la media nacional.
Esto significa que más de un tercio de los andaluces se encuentra en una situación de vulnerabilidad, un dato que pone en cuestión la capacidad del modelo económico actual para generar bienestar.
Además, diversos informes apuntan a que alrededor de tres millones de personas en Andalucía están en riesgo de pobreza o exclusión, lo que refleja la dimensión estructural del problema.
Empleo, pero de baja calidad
Otro de los elementos que matizan el discurso oficial es la calidad del empleo creado. Aunque el paro ha descendido en los últimos años, buena parte de los nuevos puestos de trabajo se caracterizan por su precariedad y bajos salarios.
Este fenómeno está estrechamente ligado al modelo productivo andaluz, todavía muy dependiente de sectores como el turismo o la agricultura, donde el valor añadido es menor y la estabilidad laboral más limitada.
A ello se suma el peso de las microempresas y el trabajo autónomo, que en muchos casos no generan empleo estable ni suficiente riqueza para impulsar un cambio estructural.
Un modelo económico sin transformación profunda
Expertos consultados coinciden en señalar que el principal problema de la economía andaluza no es la falta de crecimiento, sino la ausencia de una transformación profunda del modelo productivo.
La llegada de inversión o el aumento del PIB no están teniendo un impacto directo en la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población. En muchos casos, los beneficios no se redistribuyen de manera equitativa, lo que perpetúa las desigualdades.
El debate entra de lleno en la campaña
En este contexto, la economía se ha convertido en uno de los ejes centrales de la campaña electoral. Mientras el Partido Popular defiende su gestión como un éxito basado en la estabilidad y el crecimiento, la oposición cuestiona los resultados reales de ese modelo.
Desde el bloque progresista se insiste en que los datos de pobreza, renta y precariedad evidencian que el crecimiento económico no está llegando a la ciudadanía en forma de bienestar.
Más allá del relato
El contraste entre los indicadores macroeconómicos y la realidad social plantea una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto el “milagro económico andaluz” es una mejora real o un relato político?
La respuesta, en gran medida, se jugará en las urnas el próximo 17 de mayo, en unas elecciones donde la economía y las condiciones de vida de los andaluces se sitúan en el centro del debate.



