El canon del agua, un recargo incluido en la factura que abonan millones de ciudadanos/as, ha vuelto a situarse en el foco público por las dudas sobre su gestión y destino final.
Este tributo tiene como objetivo financiar infraestructuras de saneamiento y depuración, así como proteger los ecosistemas hídricos, en línea con las exigencias ambientales europeas.
El canon del agua, pagado directamente por la ciudadanía a través del recibo del agua, se aplica en función del uso, con la finalidad de incentivar un consumo responsable.
Más de 678 millones de euros en Andalucía sin ejecutar
En este contexto, la gestión del canon del agua en Andalucía de Moreno Bonilla ha vuelto a generar controversia tras conocerse que una parte significativa de los fondos recaudados no se ha destinado a su finalidad principal: mejorar las infraestructuras de saneamiento.
Según un informe de la Cámara de Cuentas de Andalucía, más de 678 millones de euros permanecían sin ejecutar pese a haberse cobrado a la ciudadanía con carácter finalista.
Esta situación ha reavivado las críticas de expertos y organizaciones sociales, que reclaman mayor transparencia y control en la gestión.
Entre las voces más destacadas figura Luis Babiano, gerente desde hace más de quince años de la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (AEOPAS).
Po ende, Babiano es un referente en el ámbito de la gestión pública del ciclo urbano del agua y vinculado a entidades como la Fundación Nueva Cultura del Agua. Asimismo, defiende que el canon es una herramienta esencial para garantizar inversiones estables en depuración, pero advierte de que su eficacia depende de que los recursos se utilicen de forma estrictamente finalista.
Según este experto, el principal problema no es la existencia del impuesto, sino su aplicación: “si los ciudadanos pagan para saneamiento, ese dinero debe revertir en saneamiento”. A su juicio, cualquier desviación debilita la confianza pública y agrava déficits históricos en infraestructuras.
Entre la sostenibilidad y la confianza ciudadana
El debate sobre el canon del agua refleja un dilema más amplio: cómo financiar un recurso esencial en un contexto de cambio climático, presión demográfica y exigencias regulatorias crecientes.
En este escenario, el reto no es solo técnico, sino también político y social.
Garantizar que el dinero recaudado cumpla su función original se perfila como una condición clave para mantener la confianza ciudadana y asegurar la sostenibilidad del ciclo del agua a largo plazo.


