Horacio, natural de Bollullos (Huelva), es un pintor y creador incansable cuya trayectoria vital y artística destaca por su intensidad y constancia.
Además de ser reconocido por su obra de temática andaluza y rociera,su estilo, centrado en el óleo sobre lienzo destaca por reflejar «sentimientos rocieros», habiendo expuesto en lugares destacados como la Casa Colón de Huelva. Aunque desarrolló durante más de dos décadas una sólida y exitosa carrera profesional en el ámbito de las relaciones públicas dentro de grandes empresas y multinacionales de la construcción, nunca abandonó su vocación creativa.
Con una producción que supera las mil trescientas obras, su perfil combina la sensibilidad del autor y la expresividad del pintor, configurando una personalidad artística de mirada inquieta y conversación inagotable.
Asimismo sus obras reflejan tanto la experiencia acumulada a lo largo de los años como una curiosidad permanente por el mundo que le rodea.
Después de una larga trayectoria en el mundo del arte, ¿qué le impulsó a dedicarse de lleno a la creación artística?
Yo pinto de recuerdos porque principalmente mi fuerte es pintar el paisaje que me rodea: las marismas, El rocío, las diferentes ferias, el mundo del toro, la Semana Santa…Son lugares donde yo veo que espiritualmente puedo sentirme mejor. Es decir, sentir para pintar.



¿Cómo han influido sus años en su forma de entender el arte y la pintura?
Me enfoco sobre todo en las personas. Ahí, donde la gente está emocionada, donde la gente se saluda y se refleja en las obras el movimiento ¿Dónde están los caballos? ¿Dónde está la gente? ¿Dónde está…?
Por ende, yo siempre lo traduzco en que mis cuadros tienen que tener vida y tienen que estar en movimiento. Mi cuadro lo ves tú hoy y lo ves mañana y no lo percibes de la misma manera.
Con más de mil obras a sus espaldas, ¿Cómo es su proceso creativo?
Siempre me dejo fluir. Una pintura la coloco aquí, después en otro sitio y lo vuelvo a cambiar según me apetezca en el momento.
Lo que sucede es que yo no sé aquí dónde está nada. Lo dejo donde sea, nunca le asigno un sitio, aunque procuro tener buena luz y aquí me sobra. No obstante, es crucial que la luz no se proyecte de manera directa en el cuadro, ya que esto hace que te refleje y te quedes ciego por exceso de luminosidad.



Su serie «Sentimientos Rocieros» incluye escenas de la romería y la cultura flamenca , ¿qué hilo conductor cree que une toda su producción?
Que cada obra a pesar de ser de la misma temática, sean muy distintas entre sí. Esto, por ejemplo, es una Virgen del Rocío, pero que no tiene nada que ver con otra que hay al lado. Pero ahora tú miras, al fondo existe otra Virgen del Rocío. Sin embargo, ninguna tiene nada en común: ni el color, ni el momento.
Cuando tú ves la Virgen del Rocío en la calle, si tú miras para allá, hay un movimiento: de las personas, de los animales…Si tú miras para acá, hay otro movimiento. Si tú miras para acá, hay más luz, más enfoque, etc.
Por ello, a pesar de ser tres Vírgenes en la calle, no son idénticas.
En las obras que dibujo el mar, tienes que observar cómo el barco viene, pero que ahí hay movimiento. Y las olas también, pero el mar es negro. El mar no tiene color.
Muchas personas dicen “Bueno, el mar tiene que pintarse de color azul” A lo que yo respondo que no, ya que no veo que el mar sea azul. Al lado hay otro cuadro del mar, pero volvemos al mismo tema: son marinas diferentes porque no representan el mismo mar… Lo mío es el movimiento.
¿Qué temas o preocupaciones aparecen con más frecuencia en sus obras?
Sobre todo de la Semana Santa, la Virgen del Rocío, de la marina…
Se puede apreciar en un cuadro la virgen en la calle y no tiene nada en común con uno que pinté hace dos meses. El último refleja la tragedia, se aprecia la fuerza a través del color rojo oscuro .
Miras el cuadro y a pesar de que no tiene ninguna persona dibujada tú sabes que están presentes todas esas personas, los caballos… Es decir, lo que pretendo es que la persona que lo observe sea partícipe de mi pintura y piense: “Eso es un rocío y además, es de Horacio”. Lo que pretendo es mostrar mi obra, mi identidad- No pinto cuadros, yo creo mi obra.
“Mi intención en la vida es hacer una fundación y donarlo para la lucha contra el cáncer. Yo no quiero muchas cosas en la vida porque soy un privilegiado.” Asegura el pintor onubense.



¿Sigue alguna rutina o se deja llevar por la inspiración del momento?
¿Qué reglas tengo? ninguna. Siempre lo hago sin reflexionar mucho sobre el proceso porque este es mi campo de batalla, yo lloro con el corazón.
Esto es llorar, esto es doler, esto significa sentarte aquí y llorar.
De hecho, es tal la cantidad de pintura en los cuadros que si utilizo un cúter, lo mancharía por completo. El relieve, las capas… yo los pinceles a veces ni los utilizo, para mí los cuadros son de hielo ¿por qué? porque yo uso mucha pintura y un caballete lo caería con la fuerza y la cantidad de pintura. Si me pongo un babi puedo asegurar que ya no pinto, yo no creo en el orden, yo creo en mi propio orden.
Siempre dejo que se sequen al aire libre, si tengo que pasar por delante los piso, es decir, hago vida normal, como si los cuadros “no existiesen” porque de eso se trata.
“Yo he sido un esclavo del fenómeno que hay dentro de mí, yo soy una máquina, no me canso y todo esto no se puede hacer si no lloras si no te consumes aquí solo con ellos” Añade Horacio en el transcurso de la entrevista.
“A mí no me interesa vender un cuadro que no tenga proyección porque yo tengo dinero y no necesito dinero de más. Lo que necesito es estar listo para que un cuadro me desafíe, porque para mí esto consiste en un desafío” Finaliza el autor, asegurando que va a continuar con el arte, que da sentido a su vida.



