Un menor palestino de nueve años murió este martes por disparos del Ejército israelí mientras recogía leña entre los escombros de viviendas destruidas en el sur de la Franja de Gaza, según informaron diversas fuentes médicas, organizaciones humanitarias y medios locales e internacionales.
El niño se encontraba en una zona próxima a la denominada “línea amarilla”, un límite de seguridad fijado por Israel en áreas cercanas a la frontera y donde, según denuncian ONG sobre el terreno, las fuerzas israelíes abren fuego contra cualquier persona que se aproxime. El menor había acudido al lugar en busca de madera para uso doméstico, en un contexto de escasez extrema de recursos básicos.
Testigos presenciales recogidos por medios regionales señalaron que el menor no representaba ninguna amenaza y que se encontraba solo en el momento del incidente. Su cuerpo fue trasladado a un centro médico cercano, donde los equipos sanitarios no pudieron hacer nada por salvarle la vida.
Organizaciones internacionales de derechos humanos han reiterado en las últimas semanas su preocupación por el elevado número de víctimas civiles en zonas próximas a áreas militarizadas. Algunas asociaciones subrayan que la población, especialmente niños y ancianos, se ve obligada a acceder a estos espacios debido a la falta de combustible, alimentos y materiales esenciales tras meses de destrucción y bloqueo.
Fuentes oficiales israelíes, por su parte, suelen argumentar que estas áreas están claramente delimitadas y que su acceso está restringido por motivos de seguridad, en el marco de operaciones destinadas a prevenir ataques y actividades consideradas hostiles.
El suceso ha generado nuevas condenas por parte de entidades humanitarias y ha reavivado el debate sobre la protección de civiles en zonas de conflicto, en particular de menores, que continúan siendo uno de los grupos más vulnerables en el enclave palestino.



