Crece cada día más el descontento de los líderes mundiales y de figuras del partido republicano con respecto a Donald Trump, en especial en un contexto de crisis interna relacionada al involucramiento de Trump con Jeffrey Epstein. La propia invasión de Venezuela sirvió por lo menos para dos propósitos: llevar la democracia al pueblo venezolano (contiene ironía) y servir como cortina de humo con las recientes revelaciones contenidas en los archivos de Epstein. Además de fascista, es criminal, punto.
Si la figura trumpista ya es intragable, todavía hay más elementos que denotan que Trump, como presidente de un imperio en decadencia, es el líder que representa la negación en diferentes esferas: Negación del multilateralismo, negación de la diplomacia, Negación del cambio climático, negación de la democracia y negación de la ciencia.
El objeto de ejemplo, el secretario de Salud de la administración Trump es un autodeclarado negacionista de las vacunas y adepto a teorías conspiracionistas, Kennedy Jr. La administración trumpista, en el primer mandato, salió del acuerdo de París sobre los cambios climáticos y la actual gestión minimiza los efectos de las emisiones sobre el calentamiento global. En cuanto a la diplomacia, para Trump, se reduce a tarifas. multilateralismo, ineficaz.
La extrema derecha y Trump en particular representan la negación. Niegan un genocidio en Gaza y aplauden el proyecto colonial israelí. «América para los americanos», ¿pero qué americanos? Ciertamente no son los inmigrantes – se niega incluso la existencia de estos. América bajo el gobierno de Trump seguirá en manos de los que siempre ha estado: blancos de la élite económica.
La organización de la izquierda como respuesta
Con este trasfondo, cabe preguntarse sobre la actuación de la izquierda a nivel mundial en lo que se refiere a la defensa del trabajador frente a una sociedad en declive. Pensemos en el campo de las relaciones internacionales: Los movimientos del partido Alternativa para Alemania (AfD), Viktor Orbán en Hungría, Bukele en El Salvador, Vox en España y Giorgia Meloni como primera ministra italiana (para atenerme solo a algunos nombres) son signos de que las sociedades anhelan un Estado sensible a sus demandas, y la izquierda a nivel internacional necesita ser la respuesta a esta crisis.
Pensando en el ambiente de trabajo, las nuevas tecnologías y los nuevos modos de producción, los cambios laborales ocurridos y el alto grado de informalidad de los trabajadores han debilitado las luchas sociales que históricamente fueron esenciales en la lucha de la clase obrera. Como constata Reginaldo Carmello Corrêa de Moraes.
«La evolución del capitalismo de las últimas décadas – con la automatización, las reformas liberales, la reingeniería de las empresas – condujo a la reducción y fragmentación de la clase obrera y a la pulverización política de las clases populares. Esto debilitó sus organismos de lucha y formación de ideología, los movimientos y sindicatos que son (o eran) escuelas políticas de masas (traducción libre. MORAES, R.C.C., p.15, 2019)”.
No nos corresponde solo resistir. Tenemos que luchar estratégicamente, actuar de manera provechosa con la comunicación con las bases y con la clase obrera para promover acciones políticas efectivas para cambiar este escenario. Frente a esto, de manera estratégica, una coalición de los movimientos de izquierda con el fin de derrotar a un enemigo en común se hace urgente.
Aquí, en Brasil, se nota una izquierda debilitada, descolorida y con grandes dificultades de emerger nuevas lideranzas que puedan pensar la izquierda brasileña en un Brasil «post-Lula». Pero, por encima de eso, los tiempos actuales presentan una izquierda que huye del internacionalismo obrero. ¿Qué hacer?
Hay que renovar la izquierda a nivel mundial y debatir una nueva agenda que sea proponente de reformas dirigidas a las clases más vulnerables. La lucha de los trabajadores españoles y brasileños son parte de una lucha simultánea contra la extrema derecha y en favor de la misma clase. Por una izquierda más activa, por una izquierda más propositiva y completa. Y en la misma medida estemos atentos que momentos de crisis son propicios para el fascismo – que no desaparece, sino que simplemente se oculta.
Sí, hay muchos desafíos, pero frente a la extrema derecha una izquierda fuerte y organizada es la respuesta.



