Hoy toca decirlo de manera clara y concisa: orgullo de RTVE ante la retirada de España en Eurovisión 2026. Una decisión firme, pero sobre todo valiente en el peor momento para quien prefiere quedar bien antes que hacer lo correcto.
La contestación llega en un momento inédito para el certamen. Cinco países —España, Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos— se han retirado en protesta por la presencia de Israel. No obstante, la presión no se limita únicamente a las emisoras: artistas y preselecciones nacionales también han comenzado a plantarse.
El presidente de RTVE, José Pablo López, reprocha al director de Eurovisión que tras dos ediciones marcadas por denuncias de incumplimientos de reglas por parte de Israel, la UER pretenda ahora “pasar página” bajo la promesa de que a partir de ahora las normas se cumplirán estrictamente. López lo resume con una frase que ya circula ampliamente entre los aficionados: “El Festival está en llamas”. No es poco significante que cinco países sean retirados del festival, que artistas no acepten la preselección nacional y grandes estrellas se posicionen contra la participación de Israel.
Asimismo, el presidente de RTVE recuerda además que la propia UER, a través de investigaciones externas, ha señalado a Israel por publicidad institucional para movilizar voto público y que el Gobierno israelí admitió haber ejercido presión diplomática para evitar su expulsión del certamen.
La ética no son discursos sino actos. Y este acto importa.
Ya son varios países los países que dijeron basta y han sido retirados de Eurovisión no por capricho, sino por dignidad.
Es una vergüenza que Europa mantenga a Israel en el festival mientras ignora a más de 70.000 personas palestinas asesinadas solo en los dos últimos años. Un espectáculo que mira hacia otro lado mientras se bombardean hospitales y campamentos de refugiados no tiene cabida para todos los países. Pero únicamente la retirada del certamen no es suficiente. No se puede condenar un genocidio y, a la vez, financiarlo.
No obstante, esta negativa a la participación sí supone un antes y un después. Significa apoyo y respeto hacia el pueblo palestino.
¿Qué sucede cuándo países dan un paso hacia delante y se plantan ante esta barbarie?
Surge una especie de efecto dominó, una presión social que implica que se unan a la causa paulatinamente.
Un ejemplo de ello es Salvador Sobral, ganador de Eurovisión en 2017. Rechaza actuar en Eurovisión 2026 por la presencia de Israel en el festival. Además, denuncia el doble rasero de la UER, si Rusia fue expulsada por Ucrania, ¿Por qué Israel no pese a la masacre en Gaza?
“Hay cosas mucho más importantes en la vida que un concurso de música, sobre todo cuando se están asesinando a gente. Me siento muy orgullosa que hayamos sido de los pocos países que nos hemos retirado, me parece muy buena decisión” Cristina Lora, ganadora de OT 2025. Cristina pone las prioridades donde duelen: vida, dignidad y horror que siguen sucediendo mientras Europa sigue cantando y mirando a otro lado. Por ello, comparte la decisión de RTVE ante la negativa de participar en Eurovisión, noticia que le impactó como eurofan pero al mismo tiempo le parece una decisión positiva.
Otra figura eurovisiva es Nemo, el ganador suizo de Eurovisión 2024. Devolvió su trofeo a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) como protesta por la inclusión continua de Israel en el festival, alegando que contradice los valores de la organización y que «algo anda muy mal» en el concurso. Por ello, representa un acto simbólico y refuerza el mensaje de apoyo al pueblo palestino.
Un festival con países fuera y artistas en rebelión
Es inevitable preguntarse si realmente merece la pena perder millones de visitas en el próximo certamen con tal de permitir que Israel continúe participando con total impunidad.
En el año 2022, Rusia fue excluida de Eurovisión por la Unión Europea de Radiodifusión tras su invasión de Ucrania. Entonces, ¿Por qué a Rusia lo “eliminaron” pero a Israel no? Muy simple, porque no es tan fácil expulsar del certamen a un país se encarga de financiarlo. Sí, se ha demostrado que Israel financia de manera indirecta a través de Moroccanoil, una importante empresa israelí de cosméticos que es uno de los principales patrocinadores privados del festival desde 2020, lo que genera críticas por ello. Por ende, no es una tarea fácil tomar medidas.
Ante esta inédita situación, surgen diversas cuestiones al respecto y reflexiones. ¿Cuántos países más tendrán que bajarse del festival para ser conscientes de que el problema solo radica en un único país?
Eva Prieto Segura.
Socióloga y Trabajadora Social.
