Cada 14 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Endometriosis, una fecha necesaria para visibilizar una enfermedad que durante décadas ha sido ignorada, minimizada o directamente incomprendida.
La endometriosis afecta a millones de mujeres en todo el mundo y, sin embargo, sigue rodeada de silencio, desconocimiento y estereotipos. No es solo una cuestión médica; también es un reflejo de cómo la sociedad ha tratado históricamente el dolor femenino.
La endometriosis ocurre cuando un tejido similar al endometrio crece fuera de él, en lugares como los ovarios, las trompas de Falopio o incluso otros órganos de la cavidad abdominal. Esto provoca inflamación, dolor intenso, menstruaciones incapacitantes y, en muchos casos, problemas de fertilidad. Aun así, durante años se ha normalizado la idea de que “la regla duele”, como si el sufrimiento extremo fuese simplemente parte de ser mujer.
El problema no es solo la enfermedad, sino la respuesta que muchas mujeres reciben cuando intentan explicarla. Frases como “seguro que no es para tanto”, “a todas nos duele la regla” o “es estrés” forman parte de una experiencia demasiado común. Muchas pacientes tardan años en obtener un diagnóstico porque su dolor se minimiza o se atribuye a exageraciones. Ese retraso diagnóstico, que puede superar varios años en algunos casos, no solo prolonga el sufrimiento físico, sino también el emocional.
Además, la endometriosis no se limita al dolor menstrual.
Puede provocar fatiga crónica, dolor pélvico constante, molestias durante las relaciones sexuales, problemas digestivos o dificultad para quedarse embarazada. Es una enfermedad compleja, con causas que aún no se conocen completamente. La investigación apunta a factores hormonales, genéticos e inmunológicos, pero la falta histórica de inversión en salud femenina ha ralentizado avances que deberían haber llegado mucho antes.
Hablar de endometriosis también implica reconocer que durante demasiado tiempo el dolor de las mujeres se ha considerado secundario. En medicina, en el trabajo e incluso en el entorno cercano, muchas veces se espera que las mujeres continúen con su vida como si nada ocurriera. Se normaliza que falten al trabajo por dolores insoportables o que adapten su vida diaria a una enfermedad que sigue siendo invisibilizada.
No escribo desde la experiencia directa con la endometriosis, pero sí desde la cercanía que supone convivir con otros problemas ginecológicos como el síndrome de ovario poliquístico, que también puede ser duro y frustrante. Esa realidad hace aún más evidente que la salud femenina necesita más atención, más investigación y, sobre todo, más escucha.
Por eso días como el de hoy son importantes. No solo para informar sobre qué es la endometriosis, sino para cambiar la conversación. Escuchar a quienes la padecen, tomar en serio sus síntomas y entender que el dolor no es una exageración ni una debilidad. Es una señal de que algo ocurre. Y, durante demasiado tiempo, a las mujeres simplemente se les ha pedido que aprendan a vivir con él.
Eva Prieto Segura
Socióloga y Trabajadora Social



