Carboliva, con sede en la provincia de Jaén, participa en el proyecto con el que la capital catalana quiere reducir hasta un 76 % las emisiones de CO₂ utilizando huesos de aceituna para fabricar un pavimento más sostenible
El futuro de las calles de Barcelona podría empezar en los olivares de Andalucía. La capital catalana ha elegido un innovador proyecto que incorpora biochar elaborado a partir de huesos de aceituna, un material desarrollado por la empresa jiennense Carboliva, para fabricar un nuevo tipo de asfalto capaz de reducir hasta un 76 % las emisiones de dióxido de carbono asociadas a la construcción de calzadas y aceras.
La noticia tiene un marcado acento andaluz. Aunque será Barcelona quien pruebe esta tecnología en sus calles, el componente clave nace en la provincia de Jaén, una de las grandes productoras mundiales de aceite de oliva. Allí, Carboliva transforma un residuo agrícola tan abundante como el hueso de aceituna en un biocarbón de alto valor tecnológico que empieza a abrirse camino en sectores como la construcción, la ingeniería civil y la descarbonización industrial.
Una innovación andaluza para combatir el cambio climático
El proyecto BIOCHAR ha sido seleccionado por el Ayuntamiento de Barcelona dentro de la iniciativa «La sección de calle del siglo XXI», impulsada junto a BIT Habitat y BIMSA para buscar soluciones que reduzcan el impacto ambiental de las infraestructuras urbanas.
La propuesta sustituye el tradicional filler calcáreo utilizado en las mezclas asfálticas por biochar producido a partir de biomasa de hueso de aceituna y restos vegetales. El resultado es un pavimento que mantiene las prestaciones técnicas del asfalto convencional, pero con una huella de carbono muy inferior.
El carbono que el olivo absorbió durante su crecimiento queda fijado en el biocarbón y permanece inmovilizado durante décadas dentro del pavimento, convirtiendo la propia calle en un pequeño almacén de carbono.
De residuo agrícola a material de alta tecnología
España genera cada año millones de toneladas de subproductos procedentes de la producción de aceite de oliva. Durante décadas, gran parte de esos residuos tuvo un aprovechamiento limitado.
Carboliva ha convertido ese problema en una oportunidad mediante un proceso de pirólisis, que transforma el hueso y la pulpa de aceituna en biochar, un material con aplicaciones agrícolas, medioambientales e industriales. La empresa trabaja desde hace años en proyectos de investigación para utilizar este biocarbón en hormigones, materiales cerámicos y ahora también en pavimentos urbanos.
La compañía, con sede en Puente del Obispo (Jaén), considera que este proyecto supone un reconocimiento al potencial de la innovación desarrollada desde Andalucía.
Su consejero delegado, Álvaro Espuny, ha destacado que «que el hueso de aceituna de nuestra tierra se convierta en un material tecnológico para una ciudad como Barcelona resume el potencial de la economía circular».
Hasta un 76 % menos de emisiones
Según las estimaciones del proyecto, la incorporación del biochar permitirá reducir alrededor de un 76 % las emisiones de CO₂ asociadas a la fabricación del pavimento.
Los ensayos de laboratorio realizados por el equipo formado por AMSA, ELSAN y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) indican además que las mezclas mantienen prestaciones equivalentes e incluso superiores a las convencionales en aspectos como la resistencia al agua, la estabilidad frente a cambios de temperatura y la aparición de grietas.
Andalucía exporta innovación
Más allá del beneficio ambiental, la iniciativa pone de relieve el potencial tecnológico del sector oleícola andaluz.
Tradicionalmente asociado a la producción alimentaria, el olivar comienza también a generar soluciones para otros sectores estratégicos como la construcción sostenible, la captura de carbono o la economía circular.
La participación de una empresa jiennense en un proyecto de referencia para una gran ciudad europea demuestra cómo la investigación desarrollada en torno al olivar puede convertirse en una nueva vía de diversificación económica para Andalucía.
Primeras pruebas en 2027
El proyecto cuenta con financiación para completar durante 2026 la fase de investigación aplicada y desarrollo de prototipos.
Las primeras pruebas en calles reales de Barcelona están previstas para 2027, cuando se monitorizará el comportamiento del nuevo pavimento antes de valorar su posible implantación en otras ciudades españolas y europeas.
Si los resultados confirman las expectativas, una innovación nacida del olivar andaluz podría terminar formando parte del paisaje urbano de numerosas ciudades, demostrando que la transición ecológica también puede construirse aprovechando el conocimiento y los recursos que se generan en el campo andaluz.



