El Ayuntamiento solicitará por unanimidad la declaración de zona gravemente afectada por una emergencia de protección civil después de un incendio que ha arrasado unas 33.000 hectáreas. Con el fuego estabilizado y los vecinos de vuelta a sus casas, el municipio reclama ahora apoyo para recuperar su economía, su entorno natural y evitar que la despoblación termine agravando las consecuencias de la catástrofe.
Cuando apagar el fuego no significa terminar con el incendio
Las llamas ya no amenazan las viviendas, pero para Berrocal comienza ahora una recuperación que puede durar años. El municipio onubense, uno de los más castigados por el incendio iniciado el pasado 6 de agosto en el paraje Raboconejo de Niebla, prepara una petición formal de ayuda a las administraciones.
El Ayuntamiento celebrará el próximo lunes un pleno extraordinario en el que los siete integrantes de la corporación municipal pedirán por unanimidad la declaración de zona gravemente afectada por una emergencia de protección civil, conocida popularmente como zona catastrófica.
El incendio ha calcinado alrededor de 33.000 hectáreas y ha golpeado especialmente a Berrocal, cuyo término municipal ha quedado prácticamente rodeado por un paisaje de cenizas.
Un pueblo pequeño ante una catástrofe enorme
El alcalde, Ángel Luis Romero, ha resumido el sentimiento de los vecinos con una frase contundente: «El verdadero drama de Berrocal empieza ahora».
Aunque el casco urbano logró salvarse de las llamas, el impacto va mucho más allá de los daños materiales inmediatos. El fuego ha golpeado el patrimonio natural, pero también actividades económicas ligadas al monte y a los recursos forestales.
La situación resulta especialmente delicada para un municipio de apenas 283 habitantes, más de la mitad mayores de 65 años, que ya arrastraba problemas de envejecimiento y despoblación antes del incendio.
La preocupación es que la pérdida de actividad económica termine acelerando ese proceso. De ahí que el Ayuntamiento reclame una respuesta que no se limite a reparar caminos o infraestructuras, sino que permita mantener empleo y población en el territorio.
La recuperación ambiental será larga
El incendio de Niebla ha vuelto a abrir además el debate sobre el modelo forestal de la provincia.
Asaja-Huelva calcula que los diferentes incendios registrados este verano han quemado cerca de 50.000 hectáreas en Huelva, alrededor del 5% de la superficie provincial y más del 6,5% de su superficie forestal. La organización agraria reclama una revisión urgente de la política forestal y una auditoría técnica independiente sobre medios y protocolos del Plan Infoca.
También se ha reabierto la discusión sobre el peso del eucalipto en determinadas zonas. Mientras la Junta apuesta por su sustitución progresiva por especies autóctonas, Ence sostiene que el principal problema está en la falta de gestión del monte y en la acumulación de matorral. La compañía cifra en 6.290 hectáreas la superficie afectada dentro de su patrimonio.
El debate, por tanto, no termina con la extinción. La cuestión será decidir qué monte se reconstruye y cómo se gestiona para reducir el riesgo de que una catástrofe semejante vuelva a repetirse.
Berrocal pide que las administraciones no lo dejen solo
La declaración de zona gravemente afectada permitiría abrir la puerta a medidas extraordinarias y ayudas destinadas a afrontar las consecuencias económicas y sociales del incendio.
En Berrocal existe además un precedente doloroso. El municipio ya sufrió importantes incendios en décadas anteriores, incluido el gran fuego de 2004, una herida que todavía permanece en la memoria de sus vecinos.
Esta vez, las llamas volvieron a quedarse muy cerca de las casas. El pueblo sobrevivió, pero buena parte del paisaje que lo rodeaba no tuvo la misma suerte.
Ahora comienza una etapa menos visible que la extinción, pero igualmente decisiva: recuperar el monte, sostener la economía local y conseguir que los vecinos puedan seguir viviendo en Berrocal.
Después de diez días pendientes del fuego, el municipio quiere que las administraciones miren también lo que ocurre cuando se apagan las cámaras y solo quedan las cenizas.



