Una victoria de Lula en Brasil tendría un significado que excede la política nacional. En la mayor potencia de América Latina, el resultado electoral puede fortalecer una respuesta democrática al crecimiento de la extrema derecha y ampliar las posibilidades de cooperación entre países comprometidos con la justicia social.
Por su dimensión y su influencia, Brasil tiene capacidad para marcar tendencias en la región y participar con voz propia en los grandes debates internacionales. Su orientación importa para la protección del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y la búsqueda de soluciones negociadas a los conflictos. Esa responsabilidad hace especialmente relevante la continuidad de un proyecto que sitúe la inclusión y la democracia entre sus prioridades.
La extrema derecha avanza cuando logra presentar la exclusión como una solución y el autoritarismo como una garantía de seguridad. Combatirla requiere firmeza democrática, pero también comprender el malestar de quienes han perdido la confianza en la política. Las dificultades para llegar a fin de mes o construir un futuro no desaparecen con discursos.
El apoyo a Lula tiene sentido si representa una oportunidad para mejorar la vida de la mayoría y reforzar sus derechos. La reducción de la desigualdad, la calidad de los servicios públicos y la dignidad del trabajo deben ser la medida de ese compromiso.
Brasil puede ayudar a articular, junto con otros países latinoamericanos y europeos, una cooperación capaz de contener la influencia de la extrema derecha. Esa tarea necesita acuerdos duraderos y una defensa de las libertades que se aplique con la misma exigencia a aliados y adversarios.
El respaldo a Lula tampoco exime a su proyecto del examen crítico. La transparencia, la protección de la Amazonía y el respeto a las instituciones son obligaciones esenciales. La confianza ciudadana exige resultados y rendición de cuentas.
Que Lula gane sería una oportunidad para fortalecer la democracia en un escenario internacional que necesita referentes de convivencia. Aprovecharla exigirá gobernar para una sociedad plural y demostrar que la esperanza depositada en las urnas puede traducirse en una vida más digna.



