La resistencia socialista, el sorpasso de Vox y la crisis de representación del Partido Popular
Las encuestas no son instrumentos de adivinación, sino herramientas científicas para comprender el comportamiento electoral. Su valor no reside únicamente en anticipar resultados, sino en identificar tendencias, transformaciones sociales y movimientos políticos que pueden modificar el sistema de partidos.
La encuesta preelectoral realizada por GESOP para Prensa Ibérica merece una atención especial. Estamos ante una empresa demoscópica de trayectoria reconocida, cuya investigación aporta información relevante sobre el escenario político español ante las elecciones generales del 29 de noviembre.
Considero que es una encuesta seria, metodológicamente atendible y con suficiente interés para incorporarla a nuestros análisis electorales. Su solvencia no significa infalibilidad, pero tampoco debemos confundir notoriedad mediática con precisión científica.
Existen empresas demoscópicas con una extraordinaria presencia en medios de comunicación de orientación conservadora cuyas estimaciones han registrado desviaciones importantes. Las elecciones generales de julio de 2023 demostraron que determinadas expectativas de una amplia mayoría parlamentaria de PP y Vox no se correspondieron con el resultado de las urnas.
No se trata de descalificar empresas ni profesionales. Se trata de recordar que la calidad de una investigación se acredita mediante su metodología, transparencia y capacidad explicativa, no por su reiterada presencia en los medios.
La credibilidad de una encuesta no depende de quién la difunde, sino de su capacidad para interpretar la realidad electoral sin someterla a las expectativas políticas de quienes la publican.
La resistencia socialista: una realidad que trasciende a Pedro Sánchez
GESOP sitúa al PSOE en el 22,1% de intención directa de voto nacional, frente al 17,9% del Partido Popular y el 14,9% de Vox.
Su estimación electoral, sin embargo, ofrece porcentajes diferentes: PP, 28,7%; PSOE, 26,1%; y Vox, 18,9%. Esta distinción resulta imprescindible para interpretar correctamente el estudio.
En Andalucía, los socialistas alcanzan el 28,5% en voto más simpatía, Vox el 20,8% y el PP el 18,6%.
La submuestra andaluza, aproximadamente 180 entrevistas, exige prudencia estadística. No obstante, los resultados aportan elementos para estudiar la resistencia de la identificación socialista.
Desde el Grupo 27 venimos sosteniendo que el PSOE dispone de una base electoral que no depende exclusivamente de la valoración personal de Pedro Sánchez.
El PSOE representa una organización histórica, territorialmente implantada, con miles de concejales, alcaldes, alcaldesas y agrupaciones locales que mantienen una relación cotidiana con la ciudadanía.
Esa estructura constituye un elemento político que frecuentemente queda insuficientemente reflejado en los análisis centrados exclusivamente en los liderazgos nacionales.
La encuesta ofrece además una paradoja significativa: Pedro Sánchez obtiene una valoración personal de 3,5 puntos sobre diez y el 60% de los entrevistados considera mala o muy mala la gestión gubernamental. Sin embargo, aparece como candidato preferido para presidir el Gobierno, con el 26%, frente al 16,7% de Santiago Abascal y el 13,4% de Alberto Núñez Feijóo.
Estos indicadores no son contradictorios. La valoración de un dirigente y su preferencia frente a otros candidatos miden dimensiones diferentes del comportamiento político.
La resistencia socialista puede explicarse, entre otros factores, por la identificación partidista, la implantación territorial y la percepción comparada de las alternativas.
PP y Vox: el original frente a la copia
Hay una reflexión que considero esencial para comprender la transformación del espacio conservador español y que vengo defendiendo desde hace tiempo: el electorado prefiere votar al original que a la copia.
Cuando un partido tradicional adopta progresivamente el lenguaje, las prioridades y los marcos ideológicos de una formación situada a su derecha, corre el riesgo de legitimar precisamente a su competidor.
Esta es una de las cuestiones centrales que debemos investigar en la relación entre PP y Vox.
La encuesta sitúa a Vox por delante del PP en intención directa en Andalucía, aunque la reducida muestra territorial impide considerar estadísticamente concluyente esa diferencia.
Desde mi perspectiva, el problema del Partido Popular no se limita a la competencia electoral. También afecta a su identidad política y a su relación con determinados discursos que cuestionan principios fundamentales de la convivencia democrática.
Las exhibiciones de simbología fascista, los saludos totalitarios y la deslegitimación indiscriminada de las instituciones representan expresiones incompatibles con los valores de una democracia constitucional. Su aparición en determinados actos o concentraciones exige identificar responsabilidades concretas, sin atribuirlas indiscriminadamente a todos los participantes ni a organizaciones sin pruebas suficientes.
Cuando el debate político sustituye las propuestas por la confrontación permanente, la descalificación o el rechazo del pluralismo, se deterioran las condiciones del diálogo democrático.
La cuestión para el Partido Popular es cómo diferenciar su proyecto de Vox sin asumir planteamientos que puedan alejar a sectores del electorado conservador moderado.
Las experiencias de Alemania, Francia e Italia ofrecen referencias útiles, aunque sus sistemas políticos y trayectorias electorales presentan diferencias importantes.
Mi hipótesis es que la intensificación de esta competencia puede provocar una reorganización profunda del espacio conservador español, incluidas tensiones internas en el Partido Popular.
No considero demostrado que vaya a producirse una implosión del PP. Sí entiendo que existe una dinámica política que merece ser investigada: la posible consolidación de Vox como referente de determinados sectores de la derecha y las dificultades del PP para mantener una identidad diferenciada.
El voto útil y una socialdemocracia más amplia
La segunda hipótesis que desarrollamos desde el Grupo 27 es la posible concentración del voto progresista en torno al PSOE.
En numerosas circunscripciones españolas, la distribución provincial de escaños y la aplicación de la ley D’Hondt hacen que la fragmentación electoral tenga consecuencias relevantes.
Una eventual concentración del voto de izquierda podría modificar la adjudicación de determinados diputados, aunque su efecto dependería de cada provincia y de las transferencias efectivas entre formaciones. Pero existe una cuestión de mayor profundidad.
La socialdemocracia puede afrontar este escenario ampliando su capacidad de representación, desde posiciones socialliberales hasta sensibilidades más claramente situadas a la izquierda.
No se trataría de renunciar a su identidad, sino de articular un proyecto capaz de ofrecer respuestas a la inseguridad económica, la vivienda, los servicios públicos, las pensiones y las transformaciones sociales.
Como venimos defendiendo en nuestros trabajos de filosofía política, el malestar social no posee una orientación ideológica predeterminada. Su traducción electoral depende de cómo se interprete y represente políticamente.
El 29N también se jugará en los municipios
Existe una variable que considero especialmente importante: la conexión entre las elecciones generales de noviembre de 2026 y las municipales de mayo de 2027.
Los alcaldes y alcaldesas socialistas, sus agrupaciones y candidaturas locales tendrán motivos para implicarse en la movilización electoral.
Las generales pueden convertirse, desde el punto de vista organizativo, en un ensayo de movilización para las municipales.
Un resultado favorable al PSOE podría reforzar las expectativas de sus organizaciones territoriales. Sin embargo, esa relación no es automática: las elecciones locales poseen dinámicas propias, determinadas por la gestión municipal y las candidaturas.
La conexión entre ambas convocatorias constituye otra de las variables que deberán analizarse después del 29 de noviembre.
Una dirección que merece seguimiento
GESOP no proporciona una respuesta definitiva sobre el resultado electoral. Ninguna encuesta aislada puede hacerlo. Pero sí ofrece información relevante sobre la persistencia de la identificación socialista, la competencia entre PP y Vox, las diferencias territoriales y la distancia entre valoración política y preferencia presidencial.
Desde el Grupo 27 considero necesario incorporar estos resultados a nuestras series comparativas, contrastándolos con otros estudios y prestando especial atención a las circunscripciones donde pequeñas variaciones pueden alterar el reparto de escaños.
Una encuesta no debe servir para confirmar nuestras convicciones, sino para identificar las transformaciones políticas que todavía estamos intentando comprender.
GESOP aporta una fotografía útil de ese proceso. La dirección que señala merece ser estudiada con rigor, sin convertir hipótesis en certezas ni confundir intención directa, estimación electoral y expectativas ciudadanas. Porque las encuestas pueden ayudarnos a interpretar la democracia, pero nunca sustituir la voluntad soberana de quienes finalmente deciden: los ciudadanos.
Blas Ballesteros Sastre
Abogado, politólogo y analista electoral



