El director de OKDIARIO recomienda a los populares guardar silencio sobre las pensiones hasta después del 29N. No porque no tenga opinión, sino porque hay diez millones y medio de pensionistas y conviene no asustarlos antes de que pasen por las urnas.
A Eduardo Inda hay que reconocerle una virtud que escasea en política: de vez en cuando dice en voz alta aquello que normalmente se habla bajito.
Ocurrió el miércoles en Horizonte. Iker Jiménez le preguntaba por los errores que estaba cometiendo el PP en la precampaña cuando apareció el asunto que estos días tiene a Génova buscando desesperadamente el botón de silencio: las pensiones.
La portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, había sido demasiado clara. Aseguró que el sistema actual «no funciona», que «va a petar» y que hay que acometer una reforma «con valentía». Feijóo llevaba horas intentando recoger los cristales: con las pensiones «ni media broma», había dicho, prometiendo mantener su revalorización conforme al IPC. Este jueves ha vuelto a intentarlo desde Bruselas: «Las pensiones son innegociables y ya; se acabó».
Entonces apareció Inda con una solución mucho más sencilla que reformar el sistema de pensiones: reformar el calendario.
Que el PP se calle.
No para siempre, naturalmente. Tampoco hay que exagerar. Solo hasta que hayamos votado.
Inda pidió que los populares hablaran del asunto «el día 30 de noviembre, el 1 de diciembre, el 10 de enero», cuando ya estuvieran formando Gobierno. Y explicó la razón con una sinceridad conmovedora: estamos hablando de diez millones y medio de pensionistas y de sus respectivas familias.
Ahí está el problema.
No las pensiones. Los pensionistas.
Concretamente, la pésima costumbre que tienen de votar.
Durante años nos habían hecho creer que las campañas electorales servían precisamente para eso, para que un partido explicara qué pretende hacer si gobierna y los ciudadanos decidieran después si le entregan su confianza. Inda propone invertir el procedimiento. Primero entreguen ustedes la confianza. Luego ya veremos qué hacemos con ella.
Hasta Iker Jiménez se quedó perplejo. «¿Qué pasa, Inda? ¿Que un político no tiene que ser franco?», le preguntó.
La respuesta fue magnífica: franco sí, pero antes. «Tienes que ser franco hace ocho meses, pero ahora cállate con las pensiones, que es un tema sensible».
La sinceridad, por tanto, no es una virtud. Es una temporada del año. Como las fresas.
Hay meses en los que conviene consumirla y otros en los que puede sentar fatal.
Pedro Sánchez aprovechó el fragmento para acusar al PP y Vox de querer «mentir a los jubilados hasta el 29N y, después, recortar las pensiones». Inda no anunció ningún recorte ni reveló ningún plan secreto del PP.
Ni siquiera hace falta atribuírselo.
Lo verdaderamente extraordinario es lo que sí dijo.
Porque después de la polémica tuvo la oportunidad perfecta para explicar que se le había entendido mal. Y no lo hizo. Se definió como una especie de asesor electoral gratuito del PP y explicó que el partido tiene una «tendencia patológica a meter la pata en campañas electorales». Su receta seguía siendo la misma: no hablar ahora de las pensiones.
Hay que reconocer que, como consultor político, Inda es barato y práctico.
El PP tiene un problema con las pensiones. Ester Muñoz anuncia que el sistema «va a petar». Feijóo garantiza que se actualizarán con el IPC pero no concreta qué reforma estructural pretende hacer.
¿Solución? No responder.
Puede aplicarse a todo.
¿Sanidad? El 30 de noviembre.
¿Dependencia? En enero.
¿Impuestos? Cuando esté formado el Gobierno.
¿Derechos laborales? No nos pongamos ahora técnicos.
¿Pensiones? Hombre, precisamente de eso no vamos a hablar delante de los pensionistas.
El programa electoral podría reducirse así a un sobre cerrado con una inscripción en letras grandes: «NO ABRIR HASTA DESPUÉS DE VOTAR».
Nos ahorraríamos debates, entrevistas, programas económicos y hasta periodistas haciendo preguntas incómodas. Bastaría con poner al candidato delante de una bandera, hacerle caminar lentamente hacia una cámara y añadir música de Hans Zimmer.
Pero el episodio tiene otra lectura menos divertida.
El sistema público de pensiones afronta desafíos reales. La población envejece, aumenta el número de jubilados y cualquier Gobierno tendrá que garantizar durante las próximas décadas unos ingresos suficientes para sostenerlo. Discutir cómo hacerlo es perfectamente legítimo. Lo que resulta difícil de defender democráticamente es que ese debate deba celebrarse después de pedir el voto y no antes.
Feijóo tiene todo el derecho a defender una reforma. Ester Muñoz tiene derecho a considerar insostenible el modelo actual. Y la izquierda tendrá que explicar también cómo piensa financiarlo a largo plazo.
Pero precisamente para eso están las elecciones.
Para preguntar.
Para responder.
Y después votar.
Lo ocurrido en Horizonte resulta tan revelador porque Inda terminó formulando sin demasiados adornos una tentación tan vieja como la política: no decirle al elector aquello que pueda hacerle cambiar de opinión.
Y luego está la deliciosa ironía final.
Inda quería ayudar al PP a que nadie hablara de pensiones durante la campaña.
Veinticuatro horas después hablaba de pensiones Pedro Sánchez, hablaba Feijóo, hablaba Óscar Puente, hablaban las televisiones, hablaban los periódicos y el vídeo circulaba por todas partes.
Como asesor electoral gratuito ha conseguido exactamente lo contrario de lo que pretendía.
Quizá la próxima vez también debería probar su propio consejo.
Callarse.



