La retirada de una placa reivindicativa en el Cerro del Águila reabre el debate sobre la memoria democrática y el modelo de ciudad del Gobierno municipal del PP.
Sevilla no es solo la Giralda, las recepciones oficiales y las fotografías de gala. También es la ciudad de sus barrios trabajadores, de las familias represaliadas y de quienes conquistaron libertades frente a la dictadura. La controversia surgida en el Cerro del Águila vuelve a enfrentar esas dos formas de mirar la ciudad y plantea una pregunta incómoda al alcalde José Luis Sanz: ¿conoce verdaderamente la Sevilla que gobierna?
El Ayuntamiento ha retirado una placa reivindicativa colocada por vecinos y colectivos memorialistas junto a un azulejo conmemorativo que menciona al cardenal Eustaquio Ilundáin. El Gobierno municipal sostiene que la referencia recoge un hecho religioso de 1926; los vecinos cuestionan que se recuerde sin contexto a una figura que posteriormente apoyó la sublevación militar de 1936.
El Cerro del Águila: los vecinos defienden su historia
El 24 de septiembre, el alcalde asistió a la inauguración de un azulejo por el centenario de la primera capilla de Nuestra Señora de los Dolores. La referencia a Ilundáin provocó el rechazo de quienes consideran incompatible ese homenaje público, tal como está formulado, con el respeto a las víctimas del franquismo.
Los vecinos instalaron una placa alternativa para expresar su protesta. Según la información publicada por Eva Saiz en El País, los servicios municipales la retiraron y fue destruida. El teniente de alcalde Juan Bueno defendió la mención original por referirse a un acontecimiento anterior al golpe de Estado. Esa explicación merece ser escuchada, pero no resuelve la cuestión política: ¿por qué no abrir una conversación pública con quienes reclaman contextualizar la historia del barrio?
Sevilla tiene un alcalde que parece conocer mejor el protocolo de sus salones que la memoria de sus barrios.
Las tradiciones conviven con recuerdos dolorosos y los vecinos tienen derecho a intervenir en su representación.
HYTASA: la memoria histórica que no se borra
La antigua fábrica de Hilaturas y Tejidos Andaluces, Hytasa, fue uno de los símbolos del trabajo industrial y de la organización obrera sevillana. Allí, durante el franquismo, reclamar derechos laborales o participar en redes sindicales clandestinas podía acabar en detención y cárcel.
Son parte de la historia del Cerro del Águila, la memoria de familias golpeada por la represión: Ramón Sánchez Moreno, joven militante comunista, fue asesinado en 1936; Antonio Sánchez fue detenido ese año y fusilado en 1937. Décadas después, otros dos familiares fueron detenidos por su actividad vinculada a los trabajadores de Hytasa.
También permanece la memoria de Francisco Rodríguez Ledesma, albañil afiliado a Comisiones Obreras. Recibió un disparo policial el 8 de julio de 1977 y falleció el 4 de enero de 1978. Su historia recuerda que la violencia represiva no desapareció de un día para otro con la muerte de Franco.
Fueron los vecinos quienes impulsaron su reconocimiento, incluida una placa sufragada por ellos en 2015, antes del posterior reconocimiento institucional. Conservaron nombres, luchas y dolor familiar. Esa memoria merece escucha.
Rinconete y Cortadillo, cuatro siglos después
Cervantes retrató en Rinconete y Cortadillo una Sevilla de jerarquías, apariencias y contradicciones. Algunas imágenes de la Sevilla institucional contemporánea invitan a recuperar esa mirada irónica. La polémica gala privada junto a la Giralda, en la plaza Virgen de los Reyes, mostró un espacio monumental convertido temporalmente en escenario de una celebración exclusiva.
Trajes impecables, pasadores de corbata, cocheros en el pescante y ceremonias cuidadosamente fotografiadas: nada hay de malo en la elegancia ni en las tradiciones. El problema aparece cuando esa estética de escaparate parece pesar más que la Sevilla cotidiana, la de las asociaciones vecinales, los trabajadores y quienes reclaman dignidad para sus muertos.
El contraste es elocuente: mientras el centro monumental acoge celebraciones de gran aparato, en el Cerro del Águila una protesta memorialista acaba con una placa retirada. El contraste cuestiona las prioridades municipales.
Sevilla no necesita regresar a la ciudad de Rinconete y Cortadillo, ahora con coches oficiales, fotógrafos y recepciones; necesita un alcalde del siglo XXI que comprenda a sus ciudadanos y respete su historia.
Memoria democrática y responsabilidad municipal
La Ley andaluza 2/2017 de Memoria Histórica y Democrática establece obligaciones sobre símbolos y menciones que exalten el golpe militar o la dictadura. Si el azulejo cuestionado entra o no en ese supuesto exige un análisis jurídico de su texto y contexto; no cabe darlo por resuelto mediante una consigna.
Pero el debate político va más allá del expediente. El Ayuntamiento puede defender la literalidad histórica de una referencia religiosa; los vecinos pueden reclamar que se explique la trayectoria posterior del cardenal. La responsabilidad de un gobierno democrático es facilitar ese encuentro, no tratar la discrepancia como una molestia que se retira de la vía pública.
José Luis Sanz nació en Sevilla. No se discute su origen, sino el modelo de ciudad que proyectan sus decisiones. Conocer Sevilla no es dominar el callejero o presidir una ceremonia: es comprender Hytasa, el Cerro, la Macarena, San Jerónimo, Torreblanca, Triana y tantas historias de trabajo y resistencia que no suelen figurar en los programas de gala.
El problema de José Luis Sanz no es que Sevilla tenga demasiada memoria; es que su forma de gobernar parece no saber qué hacer con ella.
Sevilla no es un decorado
La retirada de la placa vecinal no debería quedar reducida a una actuación de limpieza. Ha abierto un conflicto sobre el derecho de los barrios a contar su historia y sobre la sensibilidad democrática de sus representantes.
El alcalde puede defender sus decisiones, pero debe explicarlas y escuchar a quienes discrepan. La ciudad pertenece también a quienes la levantaron trabajando y preservaron su memoria.
Cervantes convirtió las contradicciones de su Sevilla en literatura. La Sevilla actual merece que las suyas encuentren respuestas políticas. No necesita un alcalde que la vista para una fiesta, sino uno que la comprenda cuando se apagan las luces y permanecen sus vecinos, sus problemas y su memoria.
La Sevilla de Hytasa no necesita que nadie le enseñe su historia. Necesita un Ayuntamiento dispuesto a escucharla.



