El domingo 17 de mayo, la disputa presidencial en Perú reveló los nombres de los candidatos que competirán en la segunda vuelta el próximo mes de junio.
En una contienda marcada por la polarización política, el avance de la extrema derecha y un escenario de fuerte inestabilidad institucional, la autoridad electoral del país andino proclamó oficialmente que la candidata conservadora Keiko Fujimori, hija del expresidente y dictador Alberto Fujimori, se enfrentará al candidato de izquierda Roberto Sánchez.
Fujimori terminó la primera vuelta en el primer lugar, con el 17,1 % de los votos, mientras que Sánchez aseguró el segundo puesto con el 12 % de los sufragios, informó el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Se trató de un escrutinio prolongado —considerando que la primera vuelta se celebró el 12 de abril— y marcado por cuestionamientos de la oposición conservadora.
Fallas logísticas y denuncias de fraude realizadas por sectores de la extrema derecha fueron responsables de la larga demora en la validación de los resultados. Sin embargo, cabe destacar que observadores internacionales no identificaron irregularidades capaces de comprometer el resultado electoral.
Fujimori promete acercamiento con Trump
Durante la campaña, Keiko Fujimori adoptó un discurso alineado con la derecha internacional y con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La candidata prometió endurecer las políticas migratorias, incluyendo la expulsión de inmigrantes en situación irregular, además de defender medidas más estrictas de seguridad pública y combate al crimen organizado, uno de los principales temas de las elecciones peruanas.
La candidatura de Fujimori también reaviva el debate sobre el legado de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000, especialmente porque la candidata busca capitalizar políticamente ese legado. Mientras sus partidarios asocian el gobierno fujimorista con la derrota de grupos armados y la estabilización económica, sus críticos señalan violaciones a los derechos humanos, corrupción y prácticas autoritarias durante su mandato.
Alberto Fujimori, padre de la candidata que disputará la segunda vuelta, fue responsable de ejecutar un autogolpe durante su gobierno: disolvió el Congreso peruano, neutralizó a sus opositores, intervino el Poder Judicial y concentró todos los poderes en sus manos. Fujimori pasó entonces a encabezar un régimen de excepción. Además, cabe destacar que fue el primer expresidente de América Latina condenado en su propio país por crímenes contra los derechos humanos.
Sánchez, el candidato de la izquierda peruana
Por otro lado, Roberto Sánchez, de 57 años, quien disputa la presidencia por el partido “Juntos por el Perú”, representa sectores progresistas y movimientos populares vinculados al interior del país. El candidato defiende una mayor presencia del Estado en la economía, reformas constitucionales y políticas orientadas a comunidades rurales e indígenas. Su candidatura surge en medio de la crisis política que se profundizó tras la caída del expresidente Pedro Castillo, en cuyo gobierno fue ministro.
Sánchez apuesta por una reformulación radical del Estado peruano. Según el candidato, el Estado ha fracasado en garantizar la reducción de las desigualdades. Defiende una nueva Constitución para establecer un Estado “plurinacional” y busca el apoyo de votantes rurales e indígenas.
“Queremos un nuevo contrato social, un Estado plurinacional que reconozca el verdadero rostro del Perú”, afirmó Sánchez en una entrevista con Reuters antes de la primera vuelta.
Encuestas recientes apuntan a un empate técnico entre ambos candidatos, lo que anticipa una disputa ajustada en la segunda vuelta. El escenario evidencia el desgaste de los partidos tradicionales y la persistente crisis institucional peruana, marcada por el frecuente cambio de presidentes, los conflictos entre el Ejecutivo y el Congreso y la creciente desconfianza de la población hacia las instituciones políticas.



