
Sábado. 28 de febrero de 2026. Mañana en Teherán, capital iraní.
Explosiones ocurren en la capital y en varias ciudades iraníes. La operación conjunta entre Israel y los Estados Unidos tenía objetivos ciertos: el presidente del país, Masoud Pezeshkian y el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei.
El presidente iraní estaba a salvo en el momento del ataque. Sin embargo, el líder supremo estaba en el complejo bombardeado y que servía como su oficina. Ali Khamenei, el líder supremo, está muerto.
Resultado
Además de asesinar al jefe de estado de un país soberano, los ataques también aniquilaron al secretario del Consejo de Defensa, Ali Shamkhani; el ministro de Defensa, general de brigada Aziz Nasirzadeh y el comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica, general Mohammad Pakpour.
Además, los ataques perpetrados por el régimen sionista de Israel y el fascista Donald Trump han afectado a una escuela para niñas en Minab, al sur del país. Según el gobierno iraní, 153 personas murieron. Abbas Araghchi, ministro de Relaciones Exteriores iraní, declaró que el ataque a la escuela «no quedará sin respuesta».
En respuesta a los ataques, Irán respondió con ataques coordinados en diferentes bases de Estados Unidos ubicadas en el Medio Oriente en países como Qatar, Bahrein, Kuwait, Irak, Jordania y los Emiratos Árabes.
Las recientes acciones en el barril de pólvora que es el medio oriente reflejan la tentadora tentativa por parte de EEUU e Israel de contener a actores que puedan frustrar sus intereses en la región.
Violación del derecho internacional
El derecho internacional prevé casos en los que la guerra es considerada justa por parte de los actores beligerantes. En el caso que nos ocupa, la justificación utilizada por EE. UU. e Israel fue que los ataques se llevaron a cabo de manera preventiva, concepto descartado por el derecho internacional. Además, los ataques violan la carta de las Naciones Unidas según la cual: «Todos los miembros deberán resolver sus controversias internacionales por medios pacíficos, de modo que no sean amenazadas la paz, la seguridad y la justicia internacionales.»
Intereses regionales y equilibrio de poder
Las escaramuzas que ya se habían producido entre Israel e Irán se remontan a una disputa de hegemonía regional, espacio actualmente ocupado por Israel y Arabia Saudita -ambos aliados de Estados Unidos, siendo éste el mayor sustento para las operaciones israelíes en Gaza, por ejemplo. Este es un punto clave para entender el conflicto: Irán, al no alinearse con los Estados Unidos y su búsqueda de autonomía en el sistema internacional, se convirtió en una amenaza a los intereses estadounidenses en la región.
Los ataques «preventivos» para acabar con las estructuras nucleares iraníes son la punta del iceberg. Sin embargo, si vamos más allá, los ataques representan la amenaza que la consolidación própra de la capacidad nuclear iraní ofrecía a Israel y a Estados Unidos, redefiniendo la distribución regional de la fuerza. Además, se trata de la reproducción del orden liberal liderado por los Estados Unidos. Irán, en este sentido, sigue siendo una amenaza al oponerse.
Khamenei era el líder supremo de Irán y, con los ataques recientes, ahora es un mártir. Aunque ha sido aniquilado, las estructuras institucionales que mantienen el régimen siguen en pie, y un cambio de régimen implicaría mayores gastos militares y operaciones más avanzadas, lo que no parece ser el objetivo inmediato de los EE.UU.
En este año de 2026, Israel tendrá elecciones internas y la narrativa de amenaza estructural cobra fuerza. Para Netanyahu, la estrategia de llevar adelante la guerra -ya sea en Gaza o en el conflicto que involucra a Irán – revela cómo librarse de las graves acusaciones de corrupción que pesan sobre él (después de haber sido acusado de fraude, quebrantamiento de confianza y recepción de propina en tres procesos distintos).
En un mensaje publicado en las redes sociales, Trump afirmó que:
«Khamenei, una de las personas más malvadas de la historia, está muerto. Esto no es sólo justicia para el pueblo de Irán, sino para todos los grandes americanos y para la gente de muchos países alrededor del mundo que fueron asesinados o mutilados por Khamenei y su banda de matones sanguinarios»
Se trata de la construcción ideológica del enemigo externo a combatir. Sin embargo, los Estados Unidos no tienen la misma fuerza para defender la democracia en el régimen autoritario y monárquico de Arabia Saudita. Estados Unidos mantiene la guerra como su razón de ser. Guerras y conflictos puntuales justifican los altos gastos en defensa y actúan en pro del complejo industrial militar estadounidense. En ese sentido, las vidas se reducen al capital.
Vale la pena señalar que para Trump, las presiones domésticas están erosionando su gobierno. Los documentos recientemente liberados relacionados con el caso Epstein lo han puesto en el centro de la atención al revelar su proximidad con el acusado de tráfico sexual y pedofilia – un duro golpe también a sus seguidores más feroces.
El conflicto es todavía reciente para poder conocer todos los desenlaces. Para Irán, puede ser interesante prolongar el conflicto por un tiempo ya que posee motivos concretos para defenderse de los ataques, mantiene autonomía, responde a la muerte de Khamenei y todavía es autónomo para desarrollar sus estructuras de disuasión y poderío bélico. Grupos como Hezbollah y los Houthis pueden entrar en el conflicto dada la proximidad que tienen con el gobierno en Teherán.
Atacando las bases americanas en el Medio Oriente el gobierno iraní ha demarcado el espacio territorial donde se dará el conflicto. Y, en este aspecto, otro punto entra en la ecuación: el petróleo. Con eso, el conflicto deja de ser regional y puede tomar proporciones económicas globales.
Respuesta de los líderes mundiales
Para Wang Yi, ministro de Relaciones Exteriores de China, es inaceptable el asesinato de un líder de un Estado soberano. El presidente de Brasil, Lula, condenó los ataques e instó a las partes a resolver sus conflictos de manera pacífica. Para el presidente francés, Emmanuel Macron, instó a una reunión en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y condenó al régimen iraní, así como al canciller alemán. El primero ministro india, Nareandra Modi, ha dicho que quiere estabilidad regional y paz restaurada -esto busca equilibrar su apoyo a los Estados Unidos y el desarme del conflicto.


