Brasil reaccionó con contundencia, derrotó por 3-0 a Haití y recuperó el pulso del Grupo C, una victoria imprescindible para la selección de Carlo Ancelotti, que llegaba presionada tras el empate frente a Marruecos y necesitaba una respuesta convincente para no comprometer su clasificación antes de la última jornada.
La respuesta llegó con claridad y, sobre todo, con cambios visibles. Ancelotti introdujo modificaciones en el once y el equipo ofreció una versión bastante más equilibrada, más agresiva en la presión y mucho más fluida en campo rival. Matheus Cunha, titular en lugar de Igor Thiago, fue el gran beneficiado de la apuesta del técnico italiano y también el gran protagonista de la noche. El delantero firmó un doblete antes del descanso y lideró una actuación ofensiva mucho más afinada de la pentacampeona.
Brasil tardó poco en imponer su superioridad. La selección sudamericana asumió el control del balón desde el inicio, empujó a Haití hacia su propio campo y comenzó a encontrar espacios con mayor naturalidad que en el estreno ante Marruecos. Vinícius Júnior, muy activo por la izquierda, volvió a ser una amenaza constante y participó de forma decisiva en el desarrollo del partido.
El primer golpe llegó a través de Matheus Cunha, que abrió el marcador y dio tranquilidad a un equipo que necesitaba liberarse emocionalmente. Lejos de conformarse, Brasil siguió atacando y encontró el segundo tanto también en los pies del delantero, de nuevo bien asistido por Vinícius. El 2-0 confirmó que el encuentro había tomado el rumbo esperado por Ancelotti y castigó a un Haití valiente, pero demasiado frágil para sostener durante muchos minutos la presión de un rival muy superior en talento y profundidad.
Antes del descanso, Brasil amplió aún más la diferencia. Esta vez fue Vinícius Júnior quien encontró el premio a su insistencia y firmó el 3-0 con el que el partido quedó prácticamente sentenciado. El atacante del Real Madrid, además de marcar, volvió a ser el futbolista más desequilibrante del conjunto brasileño y cerró una actuación decisiva en la que combinó desborde, velocidad y participación directa en dos de los tres goles.
La segunda parte tuvo un ritmo más bajo, condicionado por la amplia ventaja brasileña y por la dificultad de Haití para cambiar el signo del encuentro. Aun así, el conjunto caribeño no renunció a competir y buscó el gol que le permitiera mantenerse con vida. Su mejor oportunidad llegó en un remate de cabeza de Ricardo Adé, que obligó a intervenir a Alisson en una de las pocas acciones realmente comprometidas para la defensa brasileña.
Brasil, por su parte, gestionó la ventaja con bastante más serenidad que en el primer partido. Sin necesidad de asumir riesgos innecesarios, controló los espacios, protegió mejor el centro del campo y dio la impresión de haber encontrado una estructura más funcional. La entrada de Cunha, la mayor claridad en el reparto de alturas y una ocupación más racional del carril central permitieron ver a un equipo más reconocible y bastante más sólido.
La victoria deja a la selección brasileña con cuatro puntos y la devuelve de lleno a la pelea por el primer puesto del grupo. También le permite llegar a la última jornada frente a Escocia dependiendo de sí misma para asegurar la clasificación. Haití, en cambio, queda eliminada tras encajar su segunda derrota consecutiva y se despide del torneo sin puntos, aunque con la dignidad competitiva de un equipo que no renunció a buscar sus opciones.
Brasil necesitaba ganar, pero también necesitaba convencer. Lo hizo con una actuación más seria, más equilibrada y bastante más eficaz. Ancelotti no resolvió todos los interrogantes que rodean a su equipo, pero sí encontró ante Haití una respuesta convincente en el momento en que más la necesitaba.



