Marruecos dio un paso de enorme valor hacia los octavos de final al imponerse por 0-1 a Escocia en la segunda jornada del Grupo C, un resultado que sitúa a la selección norteafricana al frente de la clasificación con cuatro puntos y refuerza su candidatura a cerrar la fase de grupos en una posición privilegiada.
El partido quedó condicionado desde sus primeros compases. Apenas habían transcurrido 71 segundos cuando Ismael Saibari volvió a aparecer para marcar diferencias. El atacante marroquí aprovechó una acción rápida en campo rival para firmar el único gol de la noche y castigar una puesta en escena escocesa demasiado blanda, incapaz de sostener la intensidad competitiva que había mostrado frente a Haití en la jornada inaugural. El tanto, además de desnivelar el marcador, marcó el tono de un encuentro que Marruecos manejó con autoridad durante largos tramos.
La selección dirigida por Mohamed Ouahbi se sintió cómoda desde el inicio. Presionó alto, circuló con criterio y obligó a Escocia a jugar demasiadas veces lejos del área rival. Achraf Hakimi volvió a ejercer como referencia competitiva de un equipo muy ordenado, mientras el centro del campo marroquí controlaba el ritmo del partido con una superioridad mucho mayor de la que sugiere el marcador final. Marruecos llegó a enlazar 601 pases, un registro récord para una selección africana en la historia de los Mundiales, y esa capacidad para monopolizar la posesión fue una de las claves del encuentro.
Escocia tardó demasiado en reaccionar. El conjunto de Steve Clarke nunca logró asentarse en el partido durante la primera mitad y ofreció una versión mucho menos sólida que la mostrada ante Haití. La circulación fue lenta, faltó profundidad por fuera y tanto Scott McTominay como John McGinn encontraron muchas dificultades para influir con claridad en campo contrario. Marruecos, en cambio, se mostró más preciso, más intenso y también más convencido de lo que necesitaba el partido.
Tras el descanso, el equipo británico trató de dar un paso adelante y elevó el ritmo de su presión, pero siguió chocando contra una selección marroquí disciplinada, compacta y preparada para proteger su ventaja. Los africanos incluso pudieron ampliar la diferencia en varias transiciones, aunque la falta de acierto mantuvo con vida a Escocia hasta el tramo final.
Fue entonces cuando los escoceses encontraron sus mejores minutos. Empujados por la urgencia del resultado, encerraron a Marruecos cerca de su área y generaron por fin una sensación real de amenaza. Sin embargo, el empate no llegó. La resistencia defensiva del conjunto norteafricano, el trabajo de sus centrocampistas y la serenidad de un equipo cada vez más maduro terminaron por cerrar una victoria de enorme valor competitivo.
El triunfo cambia el paisaje del Grupo C. Marruecos alcanza los cuatro puntos y afrontará la última jornada frente a Haití dependiendo de sí mismo para asegurar el pase a octavos e incluso para conservar el primer puesto. Escocia, por su parte, se queda con tres puntos y llegará al duelo final contra Brasil obligada a competir al límite para seguir viva en el torneo.
La selección marroquí no solo ganó: volvió a transmitir la sensación de ser un equipo serio, tácticamente fiable y preparado para discutir el mando del grupo a cualquiera. Escocia, en cambio, perdió mucho más que un partido. Perdió el liderato y la tranquilidad con la que había comenzado la segunda jornada.



