La victoria de Brasil sobre Haití no solo devolvió tranquilidad al vestuario de la pentacampeona, sino que también permitió a Carlo Ancelotti hablar por primera vez en el torneo desde una posición de mayor control. Tras el empate frente a Marruecos, el seleccionador había insistido en que el equipo necesitaba corregir varios desajustes. Después del 3-0 en Filadelfia, el italiano encontró argumentos para sostener que la reacción ha comenzado.
El técnico se mostró satisfecho con la respuesta del equipo y, especialmente, con la manera en que los cambios introducidos en el once titular mejoraron el funcionamiento colectivo. La entrada de Matheus Cunha en punta y la mayor claridad del centro del campo permitieron a Brasil ofrecer una versión bastante más ordenada y agresiva que en el debut.
Ancelotti evitó caer en la euforia, pero sí reconoció que la actuación dejó señales positivas. “Estamos mejorando”, vino a resumir el seleccionador, que ya había defendido antes del encuentro la necesidad de no dramatizar tras el empate inicial y de entender que un Mundial se construye partido a partido. Después del triunfo frente a Haití, el mensaje se mantuvo en la misma línea: satisfacción por la evolución, pero sin perder de vista que el gran examen del grupo llegará frente a Escocia.
Uno de los nombres propios de la noche fue Matheus Cunha, autor de dos goles y gran protagonista del cambio de registro ofensivo de la selección. Ancelotti elogió su actuación y destacó el equilibrio que aportó al ataque, aunque evitó confirmar si mantendrá esa misma fórmula en la última jornada. El técnico dejó abierta la puerta a nuevos ajustes tácticos y volvió a defender la flexibilidad como una de las principales herramientas de su proyecto.
El otro gran asunto de la comparecencia posterior al partido fue Neymar. El seleccionador brasileño confirmó que el delantero, ausente en las dos primeras jornadas por una lesión en el gemelo, podría estar disponible para el choque decisivo ante Escocia. Ancelotti explicó que el jugador empezará a trabajar de forma individual y que la previsión es que se incorpore a la dinámica colectiva antes del último partido de la fase de grupos. La noticia fue interpretada como un impulso anímico para una selección que sigue buscando su mejor versión, pero que podría recuperar a una de sus grandes referencias en el momento más delicado de la primera fase.
Desde el vestuario brasileño, la sensación dominante fue la de alivio. El triunfo no resolvió todas las dudas generadas por el estreno, pero sí devolvió al equipo a una posición mucho más sólida dentro del grupo y confirmó que la selección todavía tiene margen de crecimiento. Vinícius Júnior volvió a ser decisivo, participó activamente en el desequilibrio ofensivo y firmó el tercer gol, mientras que la mejora de Lucas Paquetá y la movilidad de Cunha ofrecieron una imagen más funcional del plan ofensivo de Ancelotti.
La lectura haitiana fue muy distinta. La derrota elimina prácticamente cualquier opción de clasificación y obliga al conjunto caribeño a despedirse del torneo intentando rescatar al menos una imagen competitiva en la última jornada frente a Marruecos. Sin embargo, incluso en la derrota, Haití dejó algunos tramos de resistencia y no renunció a atacar cuando el partido ya parecía resuelto.
Brasil sale de esta segunda fecha con cuatro puntos, con mejores sensaciones y con la posibilidad de recuperar a Neymar. También con una certeza: la clasificación todavía no está asegurada y el duelo ante Escocia decidirá buena parte del futuro inmediato del equipo. La reacción llegó a tiempo; ahora falta comprobar si será suficiente para convertir a Brasil en una selección verdaderamente fiable.



