Madrilandia se ha convertido en ese espacio donde el entorno más oportunista parece encontrar siempre una escalera hacia el éxito. No por el mérito, ni por la excelencia, sino por la cercanía al poder.
Es la política convertida en escaparate de relaciones personales, favores cruzados y una sensación permanente de impunidad que erosiona la confianza de los ciudadanos.Comienzo a pensar que se intenta medir por parte de Ayuso y Miguel Ángel Rodríguez una capacidad de resistencia de los madrileños a lo más oscuro, turbio y corrupto, a cualquier hecho punible. No sé si piensan que los madrileños lo resisten todo, como si vivieran en el mundo de la “ZAFILANDIA”, donde no existe ni voluntad, ni pensamiento, ni análisis crítico; una especie de ciudadanía reducida a la inercia, incapaz de cuestionar, de reaccionar, de pensar.
Comprobaremos en las futuras elecciones municipales y autonómicas.Cuando el debate público gira más en torno a áticos, comisiones, investigaciones o privilegios que a la sanidad, la educación o la vivienda, el problema ya no es solo de quienes gobiernan, sino de una cultura política que confunde el servicio público con el beneficio privado.



