6 agosto 2026
Crónica de Andalucía
Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Mundial 2026
    • La Roja
    • Calendario
    • Grupos
    • Noticias
  • Andalucía
    • Almería
    • Málaga
    • Sevilla
    • Jaén
    • Granada
    • Córdoba
    • Cádiz
    • Huelva
  • Nacional
  • Internacional
  • Política
  • Economía
    • Agricultura
    • Empresa
    • Industria Regional
    • Subvenciones
    • Turismo
  • Sociedad
    • Educación
    • Sanidad
    • Medio Ambiente
    • Cuchareando
  • La Buena Vida
  • Deportes
  • Cultura
  • Opinión
    • Entrevistas
    • Editoriales
    • Cristales Rotos
    • Máquina del Fango
    • Columnas
  • Mundial 2026
    • La Roja
    • Calendario
    • Grupos
    • Noticias
  • Andalucía
    • Almería
    • Málaga
    • Sevilla
    • Jaén
    • Granada
    • Córdoba
    • Cádiz
    • Huelva
  • Nacional
  • Internacional
  • Política
  • Economía
    • Agricultura
    • Empresa
    • Industria Regional
    • Subvenciones
    • Turismo
  • Sociedad
    • Educación
    • Sanidad
    • Medio Ambiente
    • Cuchareando
  • La Buena Vida
  • Deportes
  • Cultura
  • Opinión
    • Entrevistas
    • Editoriales
    • Cristales Rotos
    • Máquina del Fango
    • Columnas
Sin resultados
Ver todos los resultados
Crónica de Andalucía
Sin resultados
Ver todos los resultados

Mi educación sobre la muerte

Carole LteifCarole Lteif
jueves, 6 agosto 2026
Mi educación sobre la muerte

La muerte existe, o más bien preexiste a nuestra frágil contingencia. Cada uno de nosotros busca, en esta clínica de la incertidumbre, su propia respuesta a su finitud. Del desapego platónico al escándalo absurdo, a «ese hilo que se quiebra» según Jankélévitch, la muerte sigue siendo una nada: se resiste impúdicamente al genio humano y a sus demiurgias tecnológicas.

Como libaneses, esta promiscuidad con la muerte nos viene consignada en los registros genealógicos, como un patrimonio que no se elige. Nuestros certificados de nacimiento rivalizan en nombres tachados.

Mi primer contacto con la muerte comenzó con ocasión de un campamento de verano al que mis padres me habían llevado cuando era muy joven. Un monitor, apenas mayor que nosotros, al encontrarme insoportable, me propinaba bofetadas a diestro y siniestro, por el menor motivo. Recuerdo la injusticia asfixiante de aquella indiferencia colectiva: como si ese tren desbocado en el que nos castigaban fuera un espacio intocable, un orden inmutable cuya única ley se imprimía en la carne de mi rostro.

Poco tiempo después de regresar a casa, descubrí en una de las revistas políticas de mi madre la esquela, con su fotografía, de aquel monitor caído en combate. Fue entonces cuando conocí el mordisco de la culpa: la de ver desaparecer a un ser que me había hecho sufrir.

Los muertos se fueron sucediendo: una procesión ininterrumpida de familiares, atentados, niños de mi país, ahogamientos, asesinatos… ¡Cuántas causas para una sola mañana: la de la ausencia! Y como cualquier niño, fui construyendo piedra a piedra mi vocabulario de la muerte. Cadáveres intactos, cuerpos en jirones, despojos descompuestos: la realidad me llegó sin filtro. Pero cuanto más se dibujaba el abismo, más quería comprender por qué esta Gorgona adquiría proporciones tan monstruosas.

En la adolescencia, me entregué a devorar tratados de metafísica y ocultismo, buscando desesperadamente hacer inteligible lo inaudible, aquello que convocaba, cada noche antes de dormir, a un ejército de fantasmas bajo la estructura de mi cráneo.

La muerte de otro joven me permitió ver de cerca otro espectáculo bruto: el de un cuerpo sin alma, en el sentido orgánico del término. Expuesto en su lecho fúnebre, como exigen nuestros rituales de duelo, empezaba a ceder ante nuestros ojos a causa del calor sofocante. Aquella nariz y aquellas orejas taponadas me obsesionaban. Una vez concluido el oficio, me deslicé subrepticiamente hacia los criptas familiares, un lugar estrictamente prohibido a las mujeres, pues la tradición reservaba únicamente a los hombres el último acompañamiento del difunto.

En el silencio húmedo de aquella cripta, me encontré sola frente al nicho del difunto. Sus fotos, pegadas recientemente por sus allegados, se desprendían por la humedad amarga, como si ya temblaran ante la idea de ser precipitadas en esa eternidad incierta. Quería verla, a esa muerte que me helaba la sangre en las venas; quería comprenderla, amansarla, tranquilizarla, con toda mi ingenuidad de entonces.

Convencida de que mis padres debían de estar midiendo mi ausencia, volví a subir los escalones, consciente de haber dejado otra parte de mí misma en la horizontalidad de las catacumbas.

Más tarde, completé mi educación sobre la muerte al compás de las frases salmodiadas durante los pésames: «vivió una buena vida», «di3ano» [¡qué lástima!], «qué muerte tan injusta», «ella no puede vivir arrebatándole los años a otro», «él debía haber muerto en su lugar»…

Sin embargo, el gran teatro de la crueldad no se detuvo ahí. Como si se tratara de un paso obligado en nuestra pedagogía nacional del terror, tuve el singular privilegio de ampliar mi caja de resonancia macabra gracias al celo de una religiosa.

Habiéndose asignado la sagrada misión de apartarnos del aborto, nos reunió un día en una sala subterránea para proyectarnos la película de una interrupción del embarazo en tiempo real. La pantalla nos reveló un feto justo antes de ser engullido por el aspirador mecánico. Con los ojos clavados en el proyector, observábamos, petrificadas, el baile desesperado de aquel embrión que intentaba escapar de la cánula. Tenía la extraña impresión de que el feto se reía al esquivar los embates. Parecía danzar con una ligereza frívola, multiplicando piruetas acrobáticas, como si le gritara a la nada: «¡Habito este instante, pedazo de matón de metal!».

Y el horror alcanzó su paroxismo bajo la mirada satisfecha de nuestra religiosa, convencida de haber forjado en ese preciso instante a dignas y piadosas mujeres cristianas para la vida.

El aspirador desmembró al feto rebelde, pedazo a pedazo. Sin embargo, yo tenía la íntima convicción de que aquella criatura astuta continuaba danzando y huyendo del aspirador ante mis ojos, violados para siempre por esa escena suspendida entre dos mundos: el de lo «indicible» y el de lo «innombrable».

Terminada la aspiración, nuestra mentora nos lanzó la pregunta triunfal: «Y ahora, decidme: ¿estáis a favor o en contra del aborto?».

Desde aquel momento, quedé armada para enfrentar el caos del mundo. Estaba curtida por mis traumas acumulados, mis encuentros fúnebres y mi teatro íntimo de seres dislocados.

La figura del vórtice, entrevista aquel día en la penumbra de la sala parroquial, no me abandonó jamás. Comencé a concebir cada muerte como una grieta repentina que se entreabre en el tejido del universo para engullir a su elegido antes de reabsorberse. Rilke soñaba con una muerte «propia», nacida de nuestra vida como el fruto de su semilla; las mías, en cambio, tenían todas el aspecto de un rapto prolongado.

Como la metáfora se negaba a detenerse ahí, tuve el honor de profundizar mi aprendizaje a través de ciertas grietas que permanecieron béantes bastante más tiempo que otras, engullendo masas de existencias mucho mayores que las que suelen llevarse, ordinariamente, las muertes comunes: la carne pulverizada de las víctimas del 4 de agosto, la sangre de los niños salpicada en las paredes de Gaza, dinastías familiares enteras borradas en un instante en el sur del Líbano, los cuerpos sepultados bajo los escombros de Beirut, las vidas segadas en el valle de la Bekaa…

Hay que ver realmente a niños transformados en estrellas rojas en los balcones de sus edificios para comprenderlo. Una composición pictórica capaz de hacer palidecer de envidia a un Pollock. ¿Y qué decir de las mujeres desentrañadas por las ondas de choque? Una escena que habría fascinado a Géricault. Susan Sontag escribía que la fotografía de la muerte y el sufrimiento nos convierte a la vez en testigos y mirones: en nuestra región del mundo, seguiremos siendo artefactos de Ogrish.

Nuestro único poder, entonces, es ahogar la muerte en una taza de café adornada con flores de ciruelo y festones de azul intenso.

La pseudopensada de la muerte no es más que una variedad de somnolencia, nos dice Jankélévitch, una meditatio mortisque vuelve el utrumque un poco más amigable.

En este país, hemos hecho de la conmemoración de las grietas un ritual nacional, un modesto ejercicio de equilibrismo para sostener el decorado de la ficción.

Por mi parte, pertrechada con mi temprana formación de orgullosa libanesa en la biología de las entrañas, me vuelvo hacia mis compatriotas, quienes han aprendido, cada uno por mediación de «su religiosa», la lección del vórtice.

No hacemos otra cosa en este país que no duerme: danzamos y giramos, desafiando al vórtice que pretende aspirarnos antes de tiempo. Nos arrancan un miembro y contorneamos un poco más el cuerpo; nos cortan una pierna y les dedicamos un corte de mangas.

En tierras como las nuestras, la muerte se vuelve paradójicamente creadora. Es ella la que nos impulsa a asumir, según Heidegger, la condición de un ser que «nace ya lo bastante viejo como para morir».

A semejanza del feto —uno de mis grandes maestros formadores—, continúo danzando sobre el vacío, con el espíritu siempre perseguido por el torbellino que nos acecha. A veces consigo olvidarlo por unos instantes, hasta que el vídeo de la pequeña Alexandra, desaparecida en uno de nuestros muchos 4 de agosto, cantando junto a su padre, vuelve para recordármelo. Bis repetita.

Más noticias

Por qué seguimos enganchados a quien nos hace daño
Cristales Rotos

Por qué seguimos enganchados a quien nos hace daño

miércoles, 5 agosto 2026
EL FAROL DE DIÓGENES
Editoriales

EL FAROL DE DIÓGENES

martes, 4 agosto 2026
Cuando el Derecho llega tarde: el bullying y la deuda pendiente del Estado
Cristales Rotos

Cuando el Derecho llega tarde: el bullying y la deuda pendiente del Estado

sábado, 1 agosto 2026

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas noticias

Cristales Rotos

Mi educación sobre la muerte

jueves, 6 agosto 2026
Economía

Ayudas hostelería 2026: nuevo plazo para pedir hasta 11.000 euros

miércoles, 5 agosto 2026
Andalucía

El virus del Nilo deja la primera víctima mortal del año en Andalucía tras el fallecimiento de un vecino de Dos Hermanas

miércoles, 5 agosto 2026
Andalucía

Moreno entrega a Vox el control de las unidades que evalúan a las víctimas de violencia machista y provoca el rechazo de la oposición y colectivos feministas

miércoles, 5 agosto 2026
Andalucía

Autónomos en Andalucía: nuevo balance sitúa el RETA en 602.442 afiliados en julio

miércoles, 5 agosto 2026
Cristales Rotos

Por qué seguimos enganchados a quien nos hace daño

miércoles, 5 agosto 2026

RRSS Crónica de Andalucía

Aviso legal – Política de cookies – Contacto

Gestionar el Consentimiento de las Cookies
Utilizamos cookies para optimizar nuestro sitio web y nuestro servicio.
Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin una requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de su proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarlo.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en un sitio web o en varios sitios web con fines de marketing similares.
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Ver preferencias
  • {title}
  • {title}
  • {title}
Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Mundial 2026
    • La Roja
    • Calendario
    • Grupos
    • Noticias
  • Andalucía
    • Ver todo
    • Almería
    • Málaga
    • Sevilla
    • Jaén
    • Granada
    • Córdoba
    • Cádiz
    • Huelva
  • Nacional
  • Internacional
  • Política
  • Economía
    • Ver todo
    • Agricultura
    • Empresa
    • Subvenciones
    • Industria Regional
    • Turismo
  • Sociedad
    • Ver todo
    • Educación
    • Sanidad
    • Medio Ambiente
    • Cuchareando
  • La Buena Vida
  • Deportes
  • Cultura
  • Opinión
    • Ver todo
    • Entrevistas
    • Cristales Rotos
    • Máquina del Fango
    • Columnas