El 55% afirma que nunca votaría por Flávio Bolsonaro y el 53% rechaza a Lula, en un escenario donde la segunda vuelta puede decidirse por los electores que no quieren a ninguno de los dos
La elección presidencial brasileña llega a su tramo decisivo con una paradoja: los dos candidatos que concentran la mayor parte de las intenciones de voto son también los que acumulan los mayores niveles de rechazo.
La encuesta Quaest divulgada el 7 de septiembre muestra que el 55% de los electores afirma que no votaría de ninguna manera por Flávio Bolsonaro, mientras que el 53% expresa el mismo rechazo hacia Lula. Los porcentajes se mantuvieron prácticamente estables respecto al sondeo anterior.
El dato adquiere todavía mayor importancia porque las principales encuestas muestran una disputa extremadamente ajustada en un eventual segundo turno. La propia Quaest sitúa a Lula y Flávio empatados con un 41% cada uno.
El escenario obliga a mirar más allá de los votos consolidados. En una segunda vuelta, la capacidad de cada candidato para atraer a quienes hoy apoyan a terceras candidaturas o permanecen indecisos puede resultar determinante.
La situación tampoco es exactamente simétrica desde el punto de vista político. Flávio Bolsonaro hereda buena parte de la identidad política construida por el bolsonarismo durante los últimos años, mientras que Lula intenta defender una candidatura de continuidad de un gobierno que llega a las elecciones enfrentando desgaste en determinados sectores del electorado.
La cuestión central será, por tanto, qué pesa más: el voto a favor o el voto contra. Y en una elección tan polarizada, una elevada tasa de rechazo puede ser tanto un techo electoral como una oportunidad para movilizar al electorado bajo la lógica del llamado «voto útil».
La segunda vuelta, si se confirma, no se decidirá necesariamente entre los votantes más convencidos, sino entre quienes estén dispuestos a elegir el candidato que consideren menos perjudicial para el país.



