Flávio Bolsonaro, Zema, Renan Santos y Augusto Cury explotan políticamente la crisis del STF mientras Lula mantiene una posición institucional
La campaña presidencial brasileña ha encontrado en el Supremo Tribunal Federal (STF) uno de sus principales escenarios de confrontación. Los actos del 7 de septiembre estuvieron marcados por ataques contra el ministro Alexandre de Moraes y, simultáneamente, por manifestaciones de apoyo a André Mendonça, en un movimiento que transforma una crisis institucional en munición electoral.
Flávio Bolsonaro, Romeu Zema, Renan Santos y Augusto Cury se sumaron públicamente a las muestras de respaldo a Mendonça durante los actos de Independencia. La estrategia permite a los candidatos presentarse ante sectores conservadores como defensores de una determinada interpretación del equilibrio entre los poderes.
El contexto judicial es especialmente delicado. Mendonça ha quedado en el centro de una disputa con Alexandre de Moraes después de que un informe policial cuestionara actuaciones relacionadas con el ministro y con el exbanquero Daniel Vorcaro. El conflicto provocó decisiones enfrentadas dentro del propio Supremo.
El presidente del STF, Edson Fachin, terminó interviniendo para suspender decisiones de Mendonça y Flávio Dino y retiró a Moraes de la relatoría del conocido caso de las fake news, en un intento de contener una crisis interna que amenaza con adquirir una dimensión política todavía mayor.
Para el campo bolsonarista, la crisis ofrece una oportunidad evidente: volver a colocar al Supremo en el centro del debate electoral y presentar las decisiones judiciales como una disputa política. Para Lula, el cálculo es diferente. El presidente ha optado por mantener una posición más institucional y evitar convertir la crisis entre ministros en el eje de su campaña.
La estrategia de la derecha, sin embargo, revela un riesgo democrático más amplio: convertir las instituciones republicanas en piezas de una campaña permanente. En lugar de discutir políticas públicas, empleo, vivienda, sanidad o desigualdad, buena parte del debate vuelve a concentrarse en la guerra política alrededor del Supremo.



