Los dos mayores pantanos de la provincia concentran la mayor parte del agua embalsada y garantizan el abastecimiento y el regadío, aunque aún mantienen margen para seguir acumulando recursos hídricos
Después de varios años en los que la sequía puso en jaque el abastecimiento de agua y obligó a imponer restricciones en numerosos municipios andaluces, la situación de los embalses cordobeses ha cambiado radicalmente. Los pantanos de Iznájar y La Breña II, los dos mayores de la provincia y entre los de mayor capacidad de Andalucía, vuelven a situarse como las grandes reservas hídricas de Córdoba gracias a las abundantes lluvias registradas durante los últimos meses.
Su recuperación no solo supone una garantía para el suministro de agua potable, sino también para el regadío, la actividad agrícola y la producción hidroeléctrica en buena parte del valle del Guadalquivir.
Iznájar, el mayor embalse de Andalucía
El embalse de Iznájar continúa siendo el gran gigante hidráulico andaluz. Con una capacidad cercana a los 1.000 hectómetros cúbicos, es el mayor pantano de Andalucía y uno de los más importantes de España. Alimentado principalmente por el río Genil, desempeña un papel fundamental tanto en el abastecimiento como en la regulación de avenidas e inundaciones aguas abajo.
Las intensas precipitaciones registradas desde comienzos de año han permitido que el embalse recupere buena parte del volumen perdido durante la prolongada sequía, aunque todavía dispone de margen para seguir aumentando sus reservas. Según los últimos datos disponibles, se sitúa ligeramente por encima del 84 % de su capacidad.
Su comportamiento resulta especialmente significativo porque Iznájar necesita varios años consecutivos de lluvias abundantes para alcanzar el lleno completo debido a su enorme volumen de almacenamiento.
La Breña II consolida su recuperación
La otra gran infraestructura hidráulica cordobesa es La Breña II, ubicada en Almodóvar del Río.
Con una capacidad superior a 800 hectómetros cúbicos, constituye uno de los principales embalses destinados al regadío en la cuenca del Guadalquivir y desempeña un papel estratégico para la agricultura de la provincia.
Actualmente roza el 82 % de su capacidad, un nivel que contrasta con la situación vivida hace apenas dos años, cuando la escasez de precipitaciones obligaba a mirar con preocupación la evolución de las reservas.
Durante los episodios de lluvias más intensos del invierno y la primavera, La Breña II incluso aprovechó el aumento del caudal del Guadalquivir mediante su sistema de bombeo para incrementar sus reservas de agua.
Una provincia con reservas prácticamente garantizadas
Más allá de estos dos grandes embalses, el conjunto del sistema hidráulico cordobés presenta una situación muy favorable.
Pantanos como Sierra Boyera, Guadalmellato, Navallana, Puente Nuevo o Vadomojón registran niveles muy elevados, situándose muchos de ellos por encima del 90 % de su capacidad.
En conjunto, la provincia de Córdoba almacena cerca del 90 % de toda su capacidad embalsada, unas cifras que no se alcanzaban desde hace más de una década y que permiten afrontar con tranquilidad tanto la campaña de regadío como el abastecimiento urbano durante los próximos años si las precipitaciones vuelven a situarse en valores normales.
Del miedo a las restricciones a una situación de normalidad
La recuperación de los embalses supone un cambio radical respecto a los años más duros de la sequía.
Municipios como Belmez, Peñarroya-Pueblonuevo o Hinojosa del Duque llegaron a sufrir importantes restricciones de agua cuando el embalse de Sierra Boyera prácticamente quedó seco en 2023, obligando incluso a ejecutar obras de emergencia para garantizar el suministro.
Hoy ese escenario parece muy lejano gracias a una sucesión de borrascas que ha permitido recuperar unas reservas que, además de asegurar el consumo humano, ofrecen un importante balón de oxígeno para el sector agrícola, especialmente en una provincia donde el olivar constituye uno de los principales motores económicos.
El reto: gestionar la abundancia tras años de escasez
La mejora de las reservas no elimina, sin embargo, los desafíos asociados a la gestión del agua.
Los expertos recuerdan que el cambio climático está provocando una mayor irregularidad en las precipitaciones, alternando largos periodos de sequía con episodios de lluvias muy intensas. Esa circunstancia obliga a mantener una planificación hidráulica que permita aprovechar los años húmedos para garantizar el suministro durante futuras etapas de escasez.
En este contexto, los grandes embalses de Iznájar y La Breña II vuelven a desempeñar un papel esencial. Su enorme capacidad de almacenamiento convierte a ambos pantanos en piezas clave del sistema hidráulico andaluz y en una garantía para el abastecimiento, el regadío y la seguridad frente a posibles avenidas del río Guadalquivir.



