La extrema derecha alemana ha convertido las elecciones de Sajonia-Anhalt en una advertencia de alcance nacional. Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 43,8% de los votos en los comicios regionales del domingo, más del doble de su resultado de 2021, y se hizo con 39 de los 83 escaños del Parlamento regional. Aunque quedó a tres diputados de la mayoría absoluta, el resultado supone su mayor victoria electoral desde la fundación del partido en 2013.
La magnitud del avance queda todavía más clara al observar el retroceso de la CDU. El partido del canciller Friedrich Merz, que gobernaba Sajonia-Anhalt desde 2002, cayó hasta el 17,2%, perdiendo más de la mitad de su representación y quedándose con 15 escaños. El SPD obtuvo el 9,3%, Los Verdes el 8,9% y Die Linke el 8,6%, mientras que el BSW alcanzó el 5,3% y consiguió cinco diputados. La participación, por su parte, se situó en niveles excepcionalmente elevados, alrededor del 77%.
El desenlace deja abierta una cuestión decisiva: quién podrá formar gobierno. La AfD no dispone de mayoría suficiente para gobernar en solitario y los principales partidos mantienen el llamado «cordón sanitario», por el que rechazan pactar con la formación ultraderechista. Sin embargo, la fragmentación del Parlamento dificulta cualquier alternativa estable. El BSW, formación nacionalista de izquierdas, ha cuestionado ese aislamiento, aunque ha descartado investir al candidato de la AfD, Ulrich Siegmund.
La victoria también supone un desafío directo para Merz. La elección regional se ha interpretado como un reflejo del descontento con el Gobierno federal y de la creciente capacidad de la AfD para transformar cuestiones como inmigración, seguridad, economía y relaciones con Rusia en motores electorales. La formación defiende una política migratoria mucho más restrictiva, el acercamiento a Moscú y el abandono del euro, posiciones que han ampliado su apoyo más allá de sus tradicionales bastiones del este alemán.
El impacto político, sin embargo, trasciende Sajonia-Anhalt. Tras conocer el resultado, la copresidenta federal de la AfD, Alice Weidel, fijó públicamente una nueva meta: alcanzar al menos el 40% de los votos en las próximas elecciones federales, previstas para 2029. El objetivo muestra que el partido ya no interpreta sus éxitos regionales como una excepción territorial, sino como una plataforma para disputar el Gobierno de Alemania.
La AfD ya había obtenido el segundo puesto en las elecciones federales de 2025, pero todavía se encontraba lejos de poder gobernar debido al aislamiento impuesto por las fuerzas tradicionales. Ahora, con un resultado cercano al 44% en un Estado federado y con una CDU debilitada, la barrera política que durante años contuvo a la extrema derecha vuelve a estar sometida a presión.
Sajonia-Anhalt no decide quién gobernará Alemania en 2029. Pero el mensaje de las urnas es difícil de ignorar: la AfD ya no se limita a disputar espacio a los partidos tradicionales. Está construyendo una candidatura nacional desde los Estados federados y obligando al sistema político alemán a enfrentarse a una pregunta que durante años intentó mantener fuera del Gobierno: qué hacer cuando la extrema derecha deja de ser marginal y empieza a convertirse en la primera fuerza electoral.



