Antonio, Arturo y Guillermo llevan más de dos décadas compartiendo música y escenarios. Lo que comenzó cuando eran prácticamente unos niños se ha convertido en una carrera con numerosos discos publicados, actuaciones por toda Andalucía y canciones en las que las sevillanas conviven con asuntos sociales y con la defensa de la identidad andaluza.

Hablar de Menta y Romero es hacerlo de tres amigos que llevan buena parte de su vida cantando juntos. Antonio, Arturo y Guillermo son de Huévar del Aljarafe y allí está el origen de una trayectoria que ha terminado llevándolos por escenarios de toda Andalucía.
Los primeros pasos llegaron muy pronto. Antonio y Arturo comenzaron a cantar juntos siendo apenas unos niños y en 1999 participaron en Veo Veo, el conocido programa de televisión dedicado a descubrir jóvenes talentos. Todavía no había una carrera profesional detrás, pero sí una afición que poco a poco fue ocupando cada vez más espacio en sus vidas.
El proyecto fue creciendo y en 2005 se incorporaron Guillermo y Manuel. Dos años después llegó uno de los momentos que marcaron el futuro del grupo: Menta y Romero ganó un concurso de sevillanas en Dos Hermanas cuyo premio era la grabación de un disco.
Cuando hablamos del flamenco y de la música andaluza, es inevitable recordar a Blas Infante y su manera de entender el cante como expresión de un pueblo: como voz de quienes sufren, de quienes están fuera del poder y encuentran en la música una forma de expresar su identidad, su alegría y también sus penas.
Infante veía en el flamenco una «música democrática», una música nacida desde abajo, desde la experiencia de la gente. Y esa idea, más allá de las teorías históricas concretas que defendió sobre sus orígenes, sigue teniendo hoy una enorme fuerza.
Porque una tradición solo está verdaderamente viva cuando es capaz de pasar de una generación a otra y, al mismo tiempo, renovarse.
Y es precisamente ahí donde la trayectoria de Menta y Romero cobra un significado especial.
Arturo, Antonio y Guillermo son tres jóvenes de Huévar del Aljarafe con una larga vinculación a las sevillanas. Su trayectoria se consolidó cuando ganaron un concurso nacional de cante por sevillanas que les permitió grabar su primer disco, «No está prohibido soñar», publicado en 2008. Desde entonces han construido una trayectoria propia, especialmente vinculada a las sevillanas rocieras, pero también a Sevilla, al amor y a nuestra realidad social.
Y creo que hay algo especialmente valioso en ellos: no han recibido nuestra tradición para conservarla como una pieza de museo; la han recibido para hacerla suya. Han sabido coger unas raíces profundas y llevarlas a su propia generación, con naturalidad, ilusión y personalidad.
Eso tiene un enorme mérito. Porque mantener viva una cultura no consiste solamente en repetir lo que hicieron quienes nos precedieron. Consiste en conocer de dónde venimos y tener el talento y la valentía necesarios para aportar algo propio.
Menta y Romero representan precisamente eso: juventud con raíces. Son la prueba de que las sevillanas no pertenecen solamente al pasado, sino que pueden seguir siendo una expresión viva de Andalucía, capaz de emocionar, de reunir y de hablarle a quienes vienen detrás.
Y hoy quiero destacar también su compromiso con Andalucía. Con trabajos como «No hables de Andalucía», vuelven a poner la música al servicio de nuestra identidad, de nuestra dignidad y de ese sentimiento de pertenencia que está tan presente en la obra y en el pensamiento de Blas Infante.
Por eso, presentar hoy a Menta y Romero es mucho más que presentar a un grupo de sevillanas. Es reconocer a tres jóvenes que han sabido convertir sus raíces en futuro; que han entendido que la tradición no es una carga, sino una responsabilidad y, al mismo tiempo, una oportunidad para crear.
Quiero felicitarles por su trayectoria, por su juventud, por su manera de defender nuestras sevillanas y, sobre todo, por demostrar que la cultura andaluza puede seguir creciendo cuando son los propios jóvenes quienes toman el relevo.
Porque cuando unos jóvenes toman una tradición y la hacen sonar con su propia voz, no estamos viendo cómo desaparece nuestra cultura: estamos viendo cómo empieza su próximo capítulo.
Y ese capítulo, hoy, tiene las voces, la ilusión y el talento de Menta y Romero.



