Brasil cerró la fase de grupos con autoridad, derrotó por 0-3 a Escocia en Miami y aseguró el liderato del Grupo C, un desenlace que confirma el crecimiento del equipo de Carlo Ancelotti en el momento decisivo y deja a la selección escocesa pendiente de una combinación ajena para saber si podrá avanzar como una de las mejores terceras del torneo.
La noche tenía un doble foco de atención. Por un lado, la necesidad competitiva de Brasil, que aún debía sellar matemáticamente su clasificación y proteger la primera plaza. Por otro, el regreso de Neymar, disponible por primera vez en el campeonato tras superar la lesión que le había dejado fuera de las dos primeras jornadas. Pero el gran protagonista del partido no fue el número 10, sino Vinícius Júnior, que firmó un doblete, confirmó su excelente momento y volvió a asumir el liderazgo ofensivo de una selección que llega a las eliminatorias en pleno crecimiento.
Brasil golpeó pronto y condicionó el encuentro desde el inicio. A los siete minutos, Vinícius apareció por primera vez para abrir el marcador y obligar a Escocia a jugar en un escenario incómodo, expuesta y con la presión de un resultado que amenazaba con dejarla fuera del Mundial. La selección de Steve Clarke, que necesitaba competir con orden y paciencia, se vio forzada a adelantar metros mucho antes de lo previsto, algo que favoreció todavía más a un Brasil cómodo en los espacios y con mayor claridad en la circulación que en su debut frente a Marruecos.
La selección sudamericana controló el partido con una serenidad impropia de un equipo todavía en construcción. Casemiro, Bruno Guimarães y Lucas Paquetá sostuvieron con autoridad el centro del campo, mientras Matheus Cunha volvió a dar profundidad y movilidad al ataque. Escocia, en cambio, no logró convertir su necesidad en dominio real. Le costó sostener la posesión, apenas encontró a John McGinn y Scott McTominay en posiciones de ventaja y se vio obligada a perseguir el balón durante demasiados minutos.
Antes del descanso llegó el golpe que prácticamente sentenció la noche. En el tiempo añadido del primer tiempo, Vinícius volvió a castigar a la defensa escocesa y firmó el 0-2 con el que Brasil se marchó al vestuario con el partido bajo control y con la clasificación ya muy encarrilada. El extremo del Real Madrid cerró así una primera parte de máxima eficacia, elevando su cuenta goleadora en el torneo y consolidándose como una de las grandes figuras del campeonato.
Escocia trató de reaccionar tras el descanso, pero el partido ya se movía en un terreno demasiado favorable para Brasil. El equipo de Ancelotti no necesitó asumir riesgos, administró con inteligencia la ventaja y esperó el momento adecuado para ampliar la diferencia. Ese momento llegó en el minuto 60, cuando Matheus Cunha marcó el tercer tanto tras una acción iniciada por Bruno Guimarães, que volvió a dejar una actuación de enorme peso en la construcción ofensiva brasileña.
Con el 0-3, el partido quedó completamente resuelto y permitió a Ancelotti gestionar el tramo final con tranquilidad. Fue entonces cuando llegó uno de los momentos más esperados de la noche: Neymar saltó al campo en la recta final y volvió a vestir la camiseta de Brasil 981 días después de su última aparición internacional, una reaparición cargada de simbolismo para una selección que recupera a uno de sus nombres históricos justo cuando comienzan las eliminatorias. El delantero no marcó, pero dejó destellos, generó peligro y se llevó una de las ovaciones de la jornada.
Brasil termina así la fase de grupos con siete puntos, invicto y con una sensación de evolución muy marcada entre el primer y el tercer partido. La selección de Ancelotti no ha resuelto todavía todas sus incógnitas, pero sí ha encontrado una base mucho más estable, un Vinícius desatado y un contexto más favorable para soñar con una candidatura real al título.
Escocia, en cambio, se despide de la tercera jornada con una derrota dura, un balance de tres puntos y la necesidad de esperar resultados ajenos para saber si su aventura en el Mundial puede prolongarse un poco más. Durante un tiempo creyó que la clasificación era una posibilidad muy real. Ahora, tras caer con claridad ante Brasil, solo le queda confiar en que el resto del torneo le abra una puerta que esta noche se cerró casi por completo.



