La clasificación para los cuartos de final confirma que Marruecos ya no es la sorpresa del fútbol mundial, sino una de sus realidades más sólidas. La victoria por 3-0 sobre Canadá permitió al conjunto dirigido por Mohamed Ouahbi alcanzar por segundo Mundial consecutivo esta ronda, un logro que consolida el extraordinario crecimiento de la selección norteafricana durante los últimos años.
El recorrido de Marruecos en el torneo ha sido una demostración de regularidad. Comenzó empatando frente a Brasil, derrotó posteriormente a Escocia y Haití para superar la fase de grupos y, ya en las eliminatorias, dejó en el camino a Países Bajos tras una tanda de penaltis antes de imponerse con autoridad a Canadá. Cuatro victorias y un empate reflejan la consistencia de un equipo que ha sabido adaptarse a contextos muy diferentes y responder tanto cuando ha dominado los partidos como cuando ha tenido que resistir el empuje de sus rivales.
El encuentro frente a Canadá volvió a poner de manifiesto una de las principales virtudes del conjunto marroquí: la capacidad para mantener la calma en los momentos de mayor dificultad. Después de sufrir durante buena parte del primer tiempo, el equipo corrigió varios aspectos en el descanso y ofreció una segunda mitad de enorme eficacia. Azzedine Ounahi, autor de dos goles, simbolizó ese cambio de rumbo, mientras que la defensa volvió a responder con firmeza cuando el partido lo exigió.
Además del rendimiento colectivo, Marruecos sigue encontrando respuestas individuales en casi todas sus líneas. Yassine Bounou continúa transmitiendo seguridad bajo palos, Achraf Hakimi mantiene su liderazgo desde el lateral derecho y futbolistas como Ounahi, Brahim Díaz e Ismael Saibari han dado un salto de calidad que amplía considerablemente las opciones ofensivas del equipo. Esa profundidad de plantilla ha permitido a Ouahbi modificar el sistema en distintos momentos del torneo sin perder competitividad.
Ahora espera un desafío todavía mayor. En los cuartos de final, Marruecos se enfrentará al vencedor del duelo entre Paraguay y Francia, una eliminatoria que definirá a su próximo rival en la lucha por un puesto entre los cuatro mejores del campeonato. Sea cual sea el adversario, el conjunto norteafricano llegará con argumentos suficientes para competir de igual a igual, respaldado por una trayectoria que ya le sitúa entre las selecciones más fiables del Mundial.
Más allá de lo que ocurra en la siguiente ronda, Marruecos ha reforzado una idea que lleva tiempo consolidándose. Lo que hace cuatro años parecía una gesta extraordinaria se ha convertido en una costumbre competitiva. El equipo ya no sorprende por llegar lejos; ahora convence por la forma en que compite, por la madurez que demuestra en los momentos decisivos y por la sensación de que todavía tiene margen para seguir creciendo en la élite del fútbol internacional.



