Un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente confirma la reducción continuada de los principales contaminantes gracias a décadas de políticas públicas, pero advierte de que más del 90% de la población sigue respirando un aire por encima de los niveles recomendados por la OMS.
Europa avanza hacia un aire más limpio. La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) confirma en su último informe que las emisiones de los principales contaminantes atmosféricos continúan descendiendo de forma sostenida gracias a las políticas impulsadas durante las dos últimas décadas. Sin embargo, el organismo advierte de que el camino está lejos de haber terminado: la contaminación atmosférica continúa siendo el mayor riesgo ambiental para la salud en el continente y millones de europeos siguen expuestos a niveles que superan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El balance refleja una evolución positiva impulsada por la modernización industrial, la mejora de los sistemas de transporte, la implantación de energías renovables y una legislación ambiental cada vez más exigente. Aun así, la AEMA insiste en que será necesario intensificar las medidas para alcanzar los nuevos objetivos fijados por la Unión Europea para 2030.
Dos décadas reduciendo emisiones
Los datos muestran una tendencia claramente descendente en la contaminación del aire en Europa.
Las emisiones de contaminantes como el dióxido de azufre (SO₂), los óxidos de nitrógeno (NOx) y las partículas finas (PM2,5) han disminuido de forma significativa respecto a los niveles registrados hace veinte años.
Especialmente destacada ha sido la reducción de las emisiones industriales de dióxido de azufre, que han caído un 59 %, mientras que las de óxidos de nitrógeno se han reducido un 39 %. También el transporte por carretera ha experimentado importantes mejoras, con descensos cercanos al 40 % en NOx y superiores al 30 % en partículas finas.
Estos avances son consecuencia de políticas públicas sostenidas en el tiempo, como la implantación de normas más estrictas sobre emisiones industriales, la renovación del parque automovilístico, el cierre progresivo de centrales altamente contaminantes y el crecimiento de las energías renovables.
La contaminación sigue siendo un problema de salud pública
Pese a esta evolución favorable, la Agencia Europea de Medio Ambiente recuerda que la contaminación atmosférica continúa siendo el principal riesgo ambiental para la salud de la ciudadanía europea.
El informe señala que más de nueve de cada diez europeos siguen respirando un aire con concentraciones superiores a las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud, especialmente en lo que respecta a las partículas finas y al ozono troposférico.
La exposición prolongada a estos contaminantes está relacionada con enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios, accidentes cerebrovasculares y determinados tipos de cáncer, además de provocar cientos de miles de muertes prematuras cada año en Europa.
El ozono y las partículas, las asignaturas pendientes
Aunque algunos contaminantes prácticamente han desaparecido en muchas zonas del continente, otros siguen representando un importante desafío.
El informe identifica especialmente tres problemas persistentes:
- Las partículas respirables PM10.
- El ozono troposférico (O₃).
- El benzo(a)pireno, asociado a determinados procesos de combustión.
Hasta un 20 % de las estaciones de medición europeas continúa registrando valores superiores a los límites actuales establecidos por la Unión Europea para alguno de estos contaminantes.
El cambio climático también influye
Los expertos alertan además de que las olas de calor cada vez más frecuentes pueden complicar la mejora de la calidad del aire.
Las altas temperaturas, la intensa radiación solar y las situaciones atmosféricas estables favorecen la formación de ozono a nivel del suelo, uno de los contaminantes más perjudiciales para la salud humana durante el verano.
Por ello, las políticas de lucha contra la contaminación y las estrategias frente al cambio climático aparecen cada vez más vinculadas.
Objetivo 2030
La nueva Directiva Europea sobre calidad del aire endurece notablemente los límites permitidos para varios contaminantes a partir de 2030.
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, algunas regiones ya cumplen esos futuros estándares, pero en buena parte del continente serán necesarias medidas adicionales para alcanzar los nuevos objetivos.
Entre ellas destacan:
- Reducir aún más las emisiones del transporte.
- Avanzar en la descarbonización industrial.
- Impulsar las energías renovables.
- Actuar sobre las emisiones procedentes de la agricultura, especialmente el amoníaco.
- Reforzar las políticas de movilidad sostenible en las ciudades.
Un beneficio para la salud… y para la economía
La mejora de la calidad del aire no solo tiene un impacto positivo sobre el medio ambiente.
La AEMA recuerda que reducir la contaminación supone también disminuir el gasto sanitario, el absentismo laboral y las pérdidas económicas derivadas de enfermedades relacionadas con la mala calidad del aire. Además, una mejor calidad ambiental repercute directamente en la calidad de vida de la población y en la protección de los ecosistemas.
Europa demuestra así que las políticas ambientales sostenidas en el tiempo producen resultados tangibles. No obstante, el informe deja claro que el éxito no puede llevar a la complacencia: el aire que respiran millones de ciudadanos aún está lejos de los niveles considerados seguros por la comunidad científica, por lo que la próxima década será decisiva para consolidar los avances logrados.



