La derrota frente a Francia puso fin al recorrido de Marruecos en el Mundial 2026, pero difícilmente empaña una campaña que vuelve a situar al conjunto norteafricano entre las selecciones más competitivas del fútbol internacional. La eliminación en los cuartos de final supone el cierre de un torneo en el que el equipo dirigido por Mohamed Ouahbi confirmó que el éxito alcanzado en los últimos años no ha sido fruto de la casualidad, sino de un proyecto consolidado y con capacidad para competir de igual a igual frente a las grandes potencias.
El camino de Marruecos volvió a estar marcado por la regularidad. La selección comenzó el campeonato empatando con Brasil, antes de imponerse a Escocia y Haití para asegurar su clasificación desde el Grupo C. En la fase eliminatoria dejó fuera a Países Bajos en una exigente tanda de penaltis y posteriormente superó con autoridad a Canadá por 3-0, una actuación que confirmó el excelente momento colectivo del equipo. Solo Francia, una de las grandes favoritas al título, consiguió frenar el avance del conjunto marroquí.
Más allá de los resultados, el Mundial volvió a evidenciar la evolución futbolística de la selección. Marruecos mantuvo una identidad muy definida durante toda la competición, basada en la organización defensiva, la intensidad sin balón y la capacidad para competir bajo presión. A ello se sumó una mayor variedad de recursos ofensivos, con futbolistas capaces de desequilibrar en diferentes contextos y de responder en los momentos decisivos del torneo.
Varios nombres sobresalieron a lo largo del campeonato. Yassine Bounou volvió a ofrecer seguridad bajo los palos y fue determinante en la clasificación frente a Países Bajos. Achraf Hakimi ejerció una vez más como líder dentro y fuera del terreno de juego, mientras que Azzedine Ounahi dio un paso adelante en los cruces de eliminación directa y confirmó su crecimiento como una de las piezas más importantes del centro del campo. También Brahim Díaz y Soufiane Rahimi dejaron actuaciones de gran nivel, reflejo de una generación cada vez más madura y competitiva.
Tras el encuentro, Mohamed Ouahbi insistió en que el verdadero desafío comienza ahora. El seleccionador afirmó que Marruecos debe utilizar esta experiencia para seguir creciendo y mantener la exigencia de cara a los próximos grandes torneos, con la Copa Africana de Naciones y el Mundial de 2030 como grandes objetivos del proyecto deportivo. El técnico defendió que el equipo ha demostrado que pertenece al grupo de selecciones capaces de competir por las rondas finales de cualquier campeonato.
Aunque la derrota frente a Francia cerró el sueño mundialista, Marruecos abandona Norteamérica con un enorme reconocimiento internacional. Alcanzar nuevamente los cuartos de final confirma que el histórico recorrido de Catar 2022 dejó de ser una excepción para convertirse en una nueva referencia del fútbol marroquí. El reto para los próximos años será mantener esa continuidad, pero el Mundial 2026 deja una conclusión difícil de discutir: Marruecos ya se ha consolidado como una de las selecciones más respetadas y competitivas del panorama internacional.



