La disputa entre las organizaciones criminales brasileñas Primer Comando de la Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV) ha desencadenado una nueva escalada de violencia en Bolivia, donde al menos nueve personas han muerto en los últimos cinco días en una serie de ataques atribuidos a la lucha por el control de rutas estratégicas del narcotráfico. La mayor parte de los hechos se registró en San Matías, una localidad del departamento de Santa Cruz situada en la frontera con Brasil, considerada un punto clave para el tránsito de cocaína hacia mercados internacionales.
De acuerdo con las autoridades bolivianas, la ofensiva criminal incluyó una sucesión de homicidios especialmente violentos. Entre los episodios más graves figura el asesinato de cuatro personas en una hacienda, el hallazgo de dos cuerpos decapitados a un costado de una carretera y otros crímenes, entre ellos el de un agente de la Policía boliviana. La gravedad de los ataques ha puesto de manifiesto la creciente capacidad operativa de las organizaciones transnacionales que actúan en la región.
El ministro de Gobierno de Bolivia, Marco Antonio Oviedo, atribuyó los hechos al enfrentamiento entre el PCC y el Comando Vermelho por el dominio de un corredor utilizado para el tráfico internacional de drogas. Según explicó, la ubicación estratégica de San Matías convierte a esta zona fronteriza en un enclave de alto valor para las redes dedicadas al transporte de cocaína hacia otros países de Sudamérica y, posteriormente, a Europa y otros destinos.
Ante el deterioro de la seguridad, el Gobierno ordenó el despliegue de 250 efectivos policiales adicionales en San Matías para reforzar los operativos de control y búsqueda de los responsables. Paralelamente, La Paz y Brasilia han intensificado la cooperación bilateral en materia de seguridad. Las autoridades anunciaron la instalación de una base permanente de la Policía Federal brasileña en territorio boliviano, mientras Bolivia establecerá un mecanismo equivalente de coordinación en Brasil con el objetivo de combatir de forma conjunta el crimen organizado transnacional.
El Ejecutivo boliviano sostiene que mantiene una ofensiva sostenida contra las organizaciones criminales desde la llegada al poder del presidente Rodrigo Paz en noviembre de 2025. Según datos oficiales, durante este período fueron capturados y expulsados 17 líderes de grupos delictivos internacionales, además de incautarse 58 aeronaves, más de 360 inmuebles, cerca de 300 toneladas de cocaína y marihuana y destruirse 190 pistas clandestinas utilizadas por el narcotráfico.
La nueva ola de violencia evidencia los desafíos que enfrenta Bolivia como tercer productor mundial de cocaína, solo por detrás de Colombia y Perú. Para las autoridades, la creciente presencia de organizaciones criminales extranjeras confirma que la lucha contra el narcotráfico exige una respuesta coordinada a escala regional, especialmente en las zonas fronterizas donde convergen las principales rutas del tráfico internacional de drogas.



