Las movilizaciones convocadas formalmente por la FEMP estuvieron marcadas en Andalucía y el resto de España por la movilización de PP y Vox y las consignas contra Pedro Sánchez. El PSOE andaluz se desmarcó de unos actos que consideró instrumentalizados por el Partido Popular. La jornada acabó además con agresiones a periodistas, disturbios en Madrid, cuatro detenidos y cuatro policías heridos.
Las concentraciones celebradas este miércoles con Ceuta como argumento terminaron pareciéndose mucho más a una movilización de la derecha contra el Gobierno de Pedro Sánchez que a los actos institucionales y unitarios con los que habían sido presentadas inicialmente.
Formalmente, la convocatoria partía de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), que llamó a concentrarse a las ocho de la tarde ante los ayuntamientos españoles. Sin embargo, PP y Vox asumieron desde días antes la movilización de sus cargos y simpatizantes, mientras el PSOE decidió desmarcarse al considerar que la iniciativa había sido promovida sin consenso y utilizada políticamente por el Partido Popular.
La implicación del PP fue explícita. Su vicesecretario de Política Autonómica y Municipal, Elías Bendodo, había anunciado que los populares organizarían concentraciones incluso en aquellos ayuntamientos socialistas que decidieran no secundar la convocatoria de la FEMP.
Andalucía, escenario de la movilización
Las concentraciones se extendieron por las ocho provincias andaluzas. El Gobierno de Juanma Moreno también participó activamente: miembros de la Junta acudieron a diferentes actos, como ocurrió en Málaga con tres consejeros del Ejecutivo autonómico.
El PSOE-A había pedido a sus representantes que no participaran al considerar que el PP estaba instrumentalizando la FEMP. María Jesús Montero sostuvo que la convocatoria pretendía utilizar la crisis ceutí para extender un clima de enfrentamiento contra el Ejecutivo central. Algunos ayuntamientos gobernados por socialistas, no obstante, se apartaron de esa posición y participaron o convocaron actos propios.
La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía también había advertido antes de las concentraciones de que la utilización partidista de la crisis podía alimentar discursos racistas y aumentar la tensión alrededor de la inmigración.
De Ceuta a los gritos contra Sánchez
La evolución de numerosos actos confirmó que la protesta política contra el Gobierno iba a ocupar buena parte del espacio.
Las críticas a Pedro Sánchez y a la política migratoria del Ejecutivo se mezclaron con las reivindicaciones sobre Ceuta. PP y Vox respaldaron las movilizaciones y dirigentes de ambos partidos utilizaron la jornada para cargar contra la actuación del Gobierno ante la crisis.
Eso no significa que todos los asistentes compartieran las mismas motivaciones ni que cada concentración tuviera idéntico carácter. También hubo ciudadanos preocupados por la situación de Ceuta y municipios gobernados por el PSOE que decidieron participar.
Pero el desarrollo de los actos mostró hasta qué punto una convocatoria presentada como institucional había quedado atravesada por la confrontación partidista.
Periodistas insultados, empujados y agredidos
El episodio más grave de la jornada llegó con el hostigamiento sufrido por profesionales de los medios de comunicación.
Equipos de RTVE fueron insultados, empujados, escupidos y golpeados mientras intentaban informar de las movilizaciones. El presidente de la Corporación, José Pablo López, denunció públicamente los ataques sufridos por los trabajadores de la televisión pública y advirtió de la gravedad que supone convertir a los periodistas en objetivos durante una protesta.
La situación fue especialmente tensa en Madrid, donde grupos ultras participaron en las protestas y posteriormente se produjeron disturbios frente al Congreso. El balance policial fue de cuatro detenidos y cuatro agentes heridos.
Las agresiones a periodistas tampoco pueden analizarse como un hecho completamente aislado. Profesionales que llevan semanas cubriendo la crisis de Ceuta ya habían denunciado amenazas e intimidaciones durante el ejercicio de su trabajo.
Una crisis convertida en arma política
Ceuta afronta una situación extraordinariamente compleja y la gestión realizada por el Gobierno central puede y debe ser sometida a crítica. El propio Ejecutivo ha reconocido que su respuesta ha resultado insuficiente en determinados momentos.
Otra cosa distinta es convertir una crisis migratoria y humanitaria en combustible para elevar la tensión política.
La jornada del miércoles mostró esa frontera. Una convocatoria formalmente institucional acabó sirviendo también de escenario para una ofensiva política de PP y Vox contra el Gobierno, mientras grupos ultras encontraron espacio para llevar el discurso todavía más lejos.
Y cuando en una movilización política un periodista recibe un empujón, un escupitajo o un golpe por intentar contar lo que está sucediendo, ya no estamos hablando únicamente de discrepancias sobre inmigración o sobre la gestión de Pedro Sánchez. Estamos hablando de algo bastante más elemental: el derecho de los profesionales de la información a hacer su trabajo sin convertirse en el enemigo de quienes no quieren que determinadas imágenes lleguen a los ciudadanos.



