La exposición continuada a las altas temperaturas reabre el debate sobre la protección laboral de los repartidores a domicilio, que denuncian dificultades para detener su actividad pese a los avisos por calor extremo
Mientras buena parte de la población busca refugio en la sombra durante las horas centrales del día, cientos de repartidores continúan recorriendo las calles de Córdoba sobre bicicletas y motocicletas para entregar pedidos a domicilio. Lo hacen bajo temperaturas que superan con facilidad los 40 grados, en una de las ciudades más calurosas de Europa, una situación que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre las condiciones laborales de los conocidos como riders y la protección de quienes desarrollan su jornada al aire libre.
Córdoba ha encadenado durante las últimas semanas varios avisos por calor extremo, con registros superiores a los 42 grados en distintos puntos de la provincia. En ese escenario, los repartidores siguen trabajando en las franjas de mayor riesgo para la salud, impulsados por un sistema de reparto que, según denuncian trabajadores y representantes sindicales, dificulta la posibilidad de interrumpir la actividad sin que ello repercuta en sus ingresos.
El dilema entre proteger la salud o perder ingresos
La legislación en materia de prevención de riesgos laborales contempla la obligación de adaptar la actividad cuando concurren fenómenos meteorológicos adversos que puedan poner en peligro la salud de los trabajadores.
Sin embargo, la realidad que describen numerosos repartidores dista mucho de esa protección teórica. Muchos aseguran que dejar de aceptar pedidos durante los episodios de calor supone reducir considerablemente sus ingresos diarios y afectar a su posición dentro de los algoritmos que gestionan las plataformas digitales de reparto.
La consecuencia es que numerosos trabajadores optan por continuar su jornada incluso cuando las temperaturas alcanzan niveles considerados de riesgo elevado por las autoridades sanitarias.
Una protección que genera dudas
El reportaje publicado por Cordópolis señala que la adscripción de estos trabajadores al convenio de la hostelería debería impedir la prestación del servicio cuando existen avisos oficiales por temperaturas extremas. No obstante, los repartidores consultados sostienen que, en la práctica, siguen desarrollando su actividad durante esos episodios y denuncian una falta de medidas específicas que garanticen su seguridad.
Los sindicatos vienen reclamando desde hace tiempo protocolos más claros para este colectivo, especialmente durante las olas de calor, al considerar que la exposición continuada al sol, el esfuerzo físico y la circulación sobre el asfalto incrementan significativamente el riesgo de sufrir golpes de calor, deshidratación u otras complicaciones médicas.
El calor, un riesgo laboral creciente
La sucesión de veranos cada vez más cálidos ha convertido el trabajo al aire libre en uno de los principales desafíos para la prevención de riesgos laborales.
Los expertos recuerdan que el organismo pierde capacidad para regular la temperatura corporal cuando se combina una elevada exposición solar con esfuerzo físico continuado, una situación especialmente frecuente entre quienes realizan repartos durante varias horas seguidas.
En ciudades como Córdoba, donde el termómetro supera con frecuencia los 40 grados durante el verano, esa exposición se prolonga además sobre superficies asfaltadas que incrementan aún más la sensación térmica.
El modelo de reparto, de nuevo bajo debate
La situación de los riders vuelve así al centro del debate laboral pocos años después de la aprobación de la conocida como Ley Rider, que modificó el marco jurídico de las plataformas digitales de reparto para reforzar los derechos laborales de estos trabajadores.
No obstante, organizaciones sindicales consideran que la regulación todavía presenta importantes lagunas en aspectos relacionados con la prevención frente a fenómenos meteorológicos extremos, especialmente cuando la organización del trabajo continúa dependiendo de sistemas automatizados que condicionan la aceptación de pedidos y los ingresos obtenidos.
Una realidad que va más allá de Córdoba
La situación descrita en la capital cordobesa no es un caso aislado. Cada verano, miles de repartidores en distintas ciudades españolas continúan trabajando durante las horas de mayor calor mientras aumenta la preocupación por los efectos del cambio climático sobre las profesiones desarrolladas al aire libre.
La combinación de olas de calor cada vez más intensas y un modelo de trabajo condicionado por plataformas digitales plantea nuevos retos para la protección de la salud laboral. El desafío ya no consiste únicamente en repartir pedidos con rapidez, sino en garantizar que quienes los entregan puedan hacerlo sin poner en riesgo su integridad física.



