La Albiceleste estuvo al borde de la eliminación, pero reaccionó en los últimos minutos de la segunda parte y venció por 2-1 gracias a los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez. El tanto inglés fue obra de Anthony Gordon, a los 10 minutos del segundo tiempo.
Hay partidos que parecen destinados a un desenlace inevitable. Durante buena parte de la segunda mitad de la semifinal entre Argentina e Inglaterra, esa era precisamente la sensación. La selección inglesa ganaba, controlaba el encuentro desde el punto de vista emocional y veía cada vez más cerca la posibilidad de disputar una nueva final de la Copa del Mundo. Sin embargo, Argentina, acostumbrada a sobrevivir en los momentos de mayor presión, encontró fuerzas cuando el reloj parecía convertirse en su peor enemigo y transformó una derrota casi segura en una épica victoria por 2-1, asegurando así su presencia en una nueva final mundialista.
La primera parte estuvo marcada por el equilibrio. Ambos equipos se estudiaron con cautela, evitaron asumir riesgos innecesarios y protagonizaron una intensa batalla en el centro del campo. Inglaterra logró neutralizar gran parte de la circulación ofensiva argentina, mientras que la Albiceleste intentaba acelerar el juego mediante la movilidad de sus delanteros y la constante participación de Lionel Messi en la construcción de las jugadas.
Las ocasiones de gol fueron escasas y el descanso llegó con el marcador todavía sin goles. La tensión, sin embargo, era evidente. Se trataba de uno de esos partidos en los que cualquier detalle podía cambiar por completo el destino de una semifinal.
Y ese detalle apareció nada más comenzar la segunda parte.
A los 10 minutos del segundo tiempo, Anthony Gordon, recientemente fichado por el Barcelona, aprovechó una buena acción ofensiva de Inglaterra para abrir el marcador. El gol desató la euforia entre los ingleses y silenció momentáneamente a la afición argentina. A partir de ese instante, el conjunto europeo comenzó a administrar el encuentro con mayor tranquilidad, mientras la Albiceleste se veía obligada a buscar una reacción.
El panorama era preocupante para los sudamericanos. El tiempo avanzaba rápidamente, la defensa inglesa se mostraba sólida y la ansiedad empezaba a aumentar con cada ataque argentino que no encontraba el premio del gol. Aun así, la selección de Lionel Scaloni nunca renunció a su identidad. Continuó buscando el campo rival, insistió en la circulación del balón y trató de encontrar con paciencia el espacio que rompiera el orden defensivo inglés.
Fue entonces cuando apareció el carácter de un equipo acostumbrado a luchar hasta el último segundo.
A los 40 minutos del segundo tiempo, cuando la eliminación parecía cada vez más cercana, Enzo Fernández recibió el balón fuera del área y conectó un magnífico disparo, potente y colocado, que superó al guardameta inglés y devolvió la esperanza a Argentina. Aquel gol cambió por completo el ambiente de la semifinal. El empate no solo igualaba el marcador, sino que también suponía una inyección de confianza para una selección que se negaba a aceptar la derrota.
A partir de ese momento, Inglaterra acusó el golpe. El equipo retrocedió algunos metros, comenzó a cometer más errores en la salida del balón y observó cómo la confianza argentina crecía con cada nueva aproximación al área rival. La Albiceleste entendió que el encuentro había cambiado y aumentó la presión durante los minutos finales.
Cuando todo parecía indicar que la eliminatoria se resolvería en la prórroga, llegó el golpe definitivo.
A los 47 minutos del segundo tiempo, ya en el tiempo añadido, Argentina encontró el espacio que había buscado durante toda la segunda mitad. Tras una nueva acción ofensiva, Lautaro Martínez apareció en el lugar adecuado para enviar el balón al fondo de la red y culminar una remontada inolvidable. El gol provocó una explosión de alegría entre los jugadores, el cuerpo técnico y los miles de aficionados argentinos presentes en el estadio.
La remontada ya era una realidad.
Inglaterra intentó reaccionar en los últimos instantes del encuentro, pero el tiempo ya no fue suficiente para evitar la clasificación argentina. El pitido final confirmó una victoria construida sobre la perseverancia, la personalidad y una extraordinaria capacidad para superar la adversidad.
Una vez más, Argentina demostró por qué continúa siendo una de las selecciones más competitivas del fútbol mundial. Incluso en desventaja y frente a un rival sólido y bien organizado, el equipo mantuvo la calma, creyó en sus posibilidades hasta el último minuto y encontró las soluciones necesarias cuando más las necesitaba.
Enzo Fernández fue decisivo al marcar el gol que inició la reacción, mientras que Lautaro Martínez asumió el protagonismo absoluto al firmar el tanto de la clasificación en el tiempo añadido. Lionel Messi, aunque no vio puerta en esta ocasión, volvió a desempeñar un papel fundamental en la organización ofensiva y en la construcción del juego argentino.
Inglaterra abandona el Mundial con la amarga sensación de haber tenido la final al alcance de la mano. El gol de Anthony Gordon colocó a los ingleses en ventaja y durante gran parte de la segunda mitad pareció suficiente para asegurar el pase. Sin embargo, el desenlace volvió a demostrar la fortaleza mental de una Argentina que nunca deja de competir.
Con esta victoria por 2-1, la Albiceleste asegura su clasificación para la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 y mantiene vivo el sueño de conquistar un segundo título mundial consecutivo. Más allá del resultado, esta semifinal será recordada por la manera en que fue conquistada: con sufrimiento, convicción y una reacción extraordinaria en los últimos minutos del partido.
Fue una remontada propia de un campeón. Una remontada construida cuando el reloj parecía anunciar la eliminación. Una remontada que devuelve a Argentina a la final del mundo y confirma, una vez más, que este equipo nunca deja de creer, incluso cuando la derrota parece estar a solo unos minutos de distancia.



