La victoria de Marruecos sobre Haití confirmó el pase del conjunto norteafricano a los octavos de final, pero no dejó un vestuario completamente satisfecho. El equipo de Mohamed Ouahbi cumplió el objetivo principal, remontó dos veces y cerró la fase de grupos con siete puntos, aunque el triunfo de Brasil ante Escocia le obligó a conformarse con la segunda plaza. En el lado haitiano, en cambio, predominó una mezcla de decepción y orgullo: el equipo se marcha del Mundial sin puntos, pero con la sensación de haber competido mucho mejor de lo que refleja la tabla.
Ouahbi quiso poner el foco en la ambición y no en la pequeña frustración clasificatoria. El seleccionador marroquí reconoció que el equipo aspiraba a cerrar el grupo en lo más alto, pero dejó claro que el objetivo de Marruecos no se agota en la fase inicial y que el vestuario sigue creyendo en la posibilidad de hacer algo grande en el torneo. “Tenemos calidad y creemos que podemos ser campeones del mundo”, vino a resumir el técnico, en una declaración que prolonga el discurso de confianza que el equipo viene construyendo desde su gran recorrido internacional en los últimos años.
El entrenador también insistió en que el partido ante Haití exigió mucho más de lo previsto. Aunque Marruecos fue capaz de remontar y terminar con una victoria amplia, Ouahbi admitió que el equipo sufrió demasiado en las transiciones defensivas y que la facilidad con la que Haití encontró dos goles debe servir de advertencia antes del cruce eliminatorio. La sensación en el entorno marroquí es doble: por un lado, satisfacción por el carácter mostrado para levantar un partido incómodo; por otro, conciencia de que el equipo necesitará corregir ciertos desajustes si quiere competir con garantías frente a rivales de mayor nivel en la siguiente ronda.
Uno de los nombres propios del encuentro volvió a ser Ismael Saibari, autor del 2-2 y ya convertido en una de las figuras del grupo. El centrocampista ha marcado en los tres partidos de la fase de grupos y simboliza como pocos la madurez ofensiva de un equipo que ha aprendido a sostenerse en la dificultad sin renunciar a la ambición. También Achraf Hakimi, goleador del primer empate marroquí, volvió a ejercer como líder en una noche que amenazó con complicarse mucho más de lo esperado.
En el lado haitiano, el tono fue muy distinto, pero no derrotista. El seleccionador Sébastien Migné se mostró decepcionado por el resultado, aunque quiso defender con firmeza la actitud de sus jugadores y la imagen ofrecida por el equipo en su regreso a un Mundial 52 años después. Migné subrayó que Haití no se rindió, que fue capaz de adelantarse dos veces frente a un rival claramente superior y que se marcha del torneo con la sensación de haber competido con dignidad hasta el último día.
El técnico haitiano lamentó, eso sí, que el esfuerzo no se tradujera en puntos. El equipo cierra la fase de grupos con tres derrotas, sin capacidad para sostener ventajas en momentos clave y con la impresión de que le faltó oficio para transformar su valentía en resultados. Aun así, la lectura que deja el vestuario haitiano es más compleja que la de una simple eliminación sin puntos: frente a Marruecos, como antes ante Escocia y durante algunos tramos frente a Brasil, Haití demostró que podía competir a un nivel mucho más alto del que muchos le atribuían antes del torneo.
Las reacciones posteriores dibujan, por tanto, dos cierres muy distintos. Marruecos se clasifica, mantiene intacta su ambición y ya piensa en la siguiente ronda, aunque con el aviso defensivo que deja el 4-2. Haití, por su parte, se despide del campeonato con el dolor lógico de una eliminación, pero también con la convicción de que su regreso al Mundial no fue un mero gesto testimonial.



