Sandra Morales ha convertido la divulgación histórica en un fenómeno viral sin renunciar a sus raíces. Desde Andalucía y con un lenguaje cercano, reivindica otra forma de contar el pasado: más accesible, más crítica y alejada de los tópicos que durante décadas han simplificado la identidad andaluza. Su discurso no solo engancha a miles de jóvenes en redes, sino que también cuestiona cómo se ha construido el relato cultural de nuestra tierra en España.
Pregunta. Sandra, tu contenido mezcla historia, humor y Andalucía. ¿Cómo nace esa forma de contar las cosas?
Respuesta. Nace, fundamentalmente, de la admiración. Tuve la suerte de cruzarme con un profesor que me hizo conectar de verdad con la historia y el patrimonio. Yo estudié Historia del Arte y él fue el culpable: tenía una capacidad loquísima para atrapar incluso a quienes no tenían el más mínimo interés en el tema. Me enamoré de esa forma de comunicar y, desde entonces, no concibo explicar nada si no es de una manera cercana y democrática, como a mí me gusta decir. Me gusta que me entienda todo el mundo, sin usar palabras rebuscadas solo por parecer más culta. Y es que yo creo que hay una idea errónea de que lo cultural, para tener rigor, debe ser serio y aburrido. Así que yo reivindico todo lo contrario: también se puede ser riguroso con un poquito de alegría y desparpajo.
P. Has conseguido que temas históricos se hagan virales. ¿Qué crees que estaba fallando antes en la forma de contarlos?
R. Pues justo eso de lo que estaba hablando antes. La historia muchas veces nos aburre, nos parece algo no complicado quizá como las matemáticas, pero algo en lo que, cuando tocaban clases de historia, todos decíamos: “puf, qué pereza”. Y yo creo que esa idea que teníamos en la cabeza iba ligada a que, si no te lo cuentan de una forma seria, parece que no cuenta, que no es válido. Y todo lo contrario. Todas las materias, creo yo, se deberían dar con esa pasión, con ese lenguaje tan cercano, para poder calar en los niños y en cualquier tipo de público. Por lo que yo creo que el fallo está ahí, en querer creer que para que algo tenga rigor hay que estar a la altura de ese rigor siendo perfectamente académico, como se ha querido creer que es la única forma de ser académico.
P. Tú haces que la historia parezca fácil… pero no lo es. ¿Qué hay realmente detrás de un vídeo tuyo?
R. Detrás de sesenta segundos de vídeo hay un trabajo loquísimo. Pero lo más caro son las ideas. Paso horas pensando en qué puede ser interesante, huyendo de lo obvio o lo general. Cuando pregunto en Instagram, la gente me pide guerras o batallas, pero yo prefiero buscar la curiosidad, porque yo he nacido de la curiosidad, de ese detalle genuino. Documentarse lleva tiempo, inspirarse para el guion otro tanto, y luego está el tener que ir al sitio, grabar durante una hora para sacar un minuto de contenido y editarlo todo yo misma. Son muchísimas horas de trabajo invisible para que el resultado parezca precisamente sencillo.
P. En redes funciona mejor lo rápido que lo trabajado. ¿Te adaptas a eso o mantienes tu ritmo?
R. Yo realmente subo lo que me da la gana. A veces subo contenido que sí puede parecer rápido o para encajar en un trend que se lleva en ese momento, pero al final lo que intento hacer siempre es subir unos dos vídeos por semana sobre historia, así que yo creo que sí que me mantengo en mi ritmo. Aunque el resto de post los suba fuera de esos dos vídeos que intento publicar, es verdad que quizá adaptarme a subir dos vídeos por semana es duro. Es lo que nos exigen las redes: estar ahí constantemente. Sacar dos vídeos a la semana también requiere mucho tiempo porque, por supuesto, no es lo único que hago; no estoy toda la semana simplemente pensando en esos dos vídeos. Pero ahí sí que caigo en la rapidez y en la inmediatez, en el estar presente todas las semanas con vídeos entretenidos para no desaparecer. Porque es lo que os digo: las redes te exigen esa inmediatez y, en el momento en el que fallas, desapareces. Y echar todo mi trabajo abajo por no estar ahí constantemente me daría mucho coraje.

P. ¿Qué es lo que más ha cambiado en tu vida desde que empezaste?
R. Mi cabeza ya no para nunca. Siempre he sido curiosa, pero ahora esa curiosidad es casi una obligación. Es un trabajo súper privilegiado —yo jamás habría imaginado en primero de carrera que viviría de esto—, pero requiere mucho esfuerzo mental para no quemarse. Mi día a día es una constante: si no estoy grabando, estoy pensando una idea y, si no, estoy documentándome. Se ha convertido en una forma de vida en la que la línea entre lo personal y lo profesional es muy fina. Pero no me quemo porque de verdad que adoro lo que hago y sé el valor que tiene.
P. ¿Qué no se ve nunca detrás de tu perfil que la gente debería saber?
R. Pues yo no soy una persona que hable mucho de sus cosas personales y me gustaría seguir manteniéndome en esa línea, porque sé que en Internet hay gente muy mala y, con lo mínimo que ven, sin que yo tenga que decir nada, hay mucha gente que lo aprovecha para atacar. Así que cosas personales no creo que necesiten saber nada. Pero quizá lo que sí querría que supieran, aunque ya lo he comentado en otra pregunta, es la cantidad de horas que se le echa a esto. Porque es verdad que quizá otros perfiles le echarán menos horas dependiendo de a lo que se dediquen exactamente, pero en mi caso no es así. Y hay mucha gente que, quizá por no ser consciente de esto, también nos exige más. A lo mejor, en lugar de subir un vídeo, subo una foto —porque mi perfil no deja de ser un perfil personal— y muchas veces hay comentarios de “buah, me gustaba más cuando hacías vídeos de historia”. Y, si miras mi perfil, la publicación anterior es un vídeo de historia, pero parece como que se olvidan de que yo soy yo, una persona normal y corriente. Me hago fotos como supongo que la mayoría del resto de los humanos y, si las quiero subir, pues las voy a subir también. Quizá ese punto de humanidad sería el que me gustaría que la gente tuviera presente.
P. ¿Te preocupa más equivocarte o que se malinterprete lo que dices?
R. Me preocupan las dos, pero por razones distintas. Si alguien malinterpreta algo pero veo que el resto de la comunidad lo ha entendido bien, me quedo tranquila. Soy fría en ese aspecto. Sé que no se puede gustar a todo el mundo y que no todo el mundo va a entender lo que digo ni a la primera ni a la quinta. Lo que sí me pesa es la responsabilidad del altavoz. Tenemos una responsabilidad a la hora de escoger las palabras y sería muy triste que se malinterpretara algo de un perfil que no quiere hacer daño, habiendo muchos perfiles que se ve de primeras que quieren hacer daño, y que se nos mire a nosotros con esa lupa. Eso hace que tengamos una preocupación de más.

P. ¿Qué papel juegan las redes en cómo se entiende la cultura hoy?
R. A pesar de que las redes pueden ser entornos hostiles, creo que la cultura está encontrando un lugar y un puesto muy bueno en ellas. Las instituciones culturales por fin están entendiendo que los creadores de contenido somos aliados estratégicos para poner en valor el patrimonio. Es verdad que jugamos en contra de un algoritmo que no siempre prioriza lo educativo, pero ver que la divulgación se hace un hueco y que hay gente joven interesada en su historia me hace ser muy optimista y me alegra infinitamente.
P. En tus vídeos hay mucho vínculo con Andalucía. ¿Crees que su historia se ha contado mal o poco?
R. Un poquito de las dos. De Despeñaperros para arriba se habla poco de Andalucía y, cuando se habla, suele ser mal o de forma sesgada. Yo siempre le echo la culpa a la “Marca España”, y lo curioso es que esta se construyó sobre referentes andaluces: la flamenca, la feria, la Semana Santa… Se han usado nuestras tradiciones para crear una identidad nacional y, al final, se ha utilizado para explotarnos a nosotros mismos, ya sabéis esto de los señoritos y los explotados. Me da mucha lástima porque yo creo que España es un país que tiene muchísimas peculiaridades, que somos muy completos, que vayas donde vayas tienen sus propias tradiciones y que esas mismas tradiciones no se conocen. Se cree que las nuestras son de todo el mundo y yo creo que ahí está la clave.

P. Si tuvieras que romper un tópico sobre Andalucía en 30 segundos, ¿cuál sería?
R. El que más coraje me da —aunque diré dos— es el de que somos vagos y el de que somos todos muy graciosos. Yo a veces hago vídeos que no son graciosos y me llegan comentarios de “qué graciosa”. Y yo sé perfectamente que lo están diciendo por mi forma de hablar, por mi forma de expresarme, pero tú te paras a ver el vídeo y dices: gracia no hace. Soy simpática, pero no te estás meando de la risa. Y luego, unido a esta idea, está lo de que somos vagos, porque ya os he dicho que aquí le echamos muchas horas. Tanto yo con mi trabajo como mis padres, mis familiares… yo no los veo parar, yo no veo a mis vecinos parar. Y luego, cuando llega la feria, se llena esto de gente de fuera y los que estamos en la caseta somos los andaluces. Así que yo no sé quién será el andaluz vago. A mí que me lo presenten.
P. ¿Qué te gustaría que la gente sintiera cuando ve tus vídeos?
R. Aunque mis vídeos son culturales y están hechos para aprender, el aprender no es un sentimiento, pero la pasión sí lo es. Y yo creo que es lo que más ilusión me hace: que se me acerque alguien ilusionado, me dedique unas palabras tan bonitas y yo note la pasión y la ilusión que tiene al ver mis vídeos. Eso no está pagado con nada del mundo.



