Su aroma invita a recuperar un ingrediente que merece más atención en la cocina de casa
Hay aromas que anuncian una estación antes que el calendario. El de las castañas asadas tiene la capacidad de cambiar una calle corriente: por un momento apetece caminar más despacio, calentarse las manos y llevar algo a casa. Frente a la prisa por adelantar la Navidad, reivindico ese paréntesis de otoño que todavía se puede comer.
La castaña merece salir del papel de recuerdo bonito. En la cocina doméstica tiene sitio junto a unas verduras asadas, dentro de una crema o en un postre que no necesite demasiadas explicaciones. Su sabor invita a probar con moderación el resto de los ingredientes, para que no desaparezca bajo una acumulación de acompañamientos.
Karlos Arguiñano explica en Hogarmania cómo preparar castañas asadas al horno, una elaboración que conserva el protagonismo del producto. Esa sencillez me parece una buena puerta de entrada para quien solo las compra de vez en cuando por la calle.
Antes de encender el horno conviene seguir una receta fiable y hacer el corte que necesita la cáscara. Después llega una parte poco fotogénica, pero inevitable: pelar. Se trabaja mejor sin prisa y dejando que pierdan el calor suficiente para manejarlas con seguridad. La cocina de temporada también incluye estos trabajos pequeños que no se pueden acelerar mirando el reloj.
En el extremo más elaborado, el cocinero Ramón Roteta combina castañas y chocolate en una terrina publicada por Hogarmania. Su propuesta muestra otra posibilidad del ingrediente. No hace falta trasladar todos sus elementos a nuestra mesa para apreciar que la castaña puede tener un papel propio en la repostería.
Entre el cucurucho y el postre de celebración hay muchas cenas posibles. Unas castañas ya cocidas pueden acompañar un plato de setas compradas en un establecimiento fiable o enriquecer un puré de verduras. Lo razonable es probar una combinación cada vez y comprar una cantidad que vayamos a utilizar, sin convertir la estacionalidad en una despensa abarrotada.
Me gusta que algunos alimentos tengan una aparición esperada y una despedida. Nos enseñan a prestar atención a lo que toca ahora. Quizá este fin de semana no necesitemos estrenar una receta extraordinaria. Puede bastar una bandeja de castañas y un rato para pelarlas, mientras fuera la tarde se vuelve más corta.



