Moclín, situado a 30 minutos de Jaén, reúne un castillo vinculado a la conquista de Granada, el Cristo del Paño en la Iglesia de la Encarnación, la ruta del Gollizno y un entorno con escasa contaminación lumínica para contemplar el cielo estrellado.
Moclín y su papel histórico en la conquista de Granada
Moclín fue un enclave clave a finales del siglo XV, cuando el dominio musulmán en la península se reducía de forma progresiva y el reino nazarí de Granada quedaba como último bastión.
Las torres de la Alhambra estaban conectadas con otras de las cercanías mediante un sistema de señales que permitía conocer la situación. Una de las torres más próximas era la del castillo de Moclín, por lo que la caída de esta plaza tuvo un valor estratégico para los Reyes Católicos.
La toma de Moclín se produjo el 26 de julio de 1486. Desde entonces, la fortaleza se utilizó como base de operaciones para la conquista final de Granada, junto al campamento de Santa Fe, que apuntaba desde el sur.
Su Torre del Homenaje continuó sirviendo como punto de comunicación entre aliados, aunque con un signo distinto al que había tenido hasta ese momento.
El castillo de Moclín, un enclave histórico visitable
Isabel y Fernando visitaron Moclín y su castillo, levantado en el siglo XIII. La fortaleza fue declarada Bien de Interés Cultural en 1931 y conserva vestigios históricos, además de ofrecer una atalaya desde la que se divisa un amplio paisaje.
El castillo se puede visitar los sábados y domingos a las once de la mañana y a las cinco de la tarde. En días laborables también puede verse, aunque es necesario concertar cita telefónica previa con el ayuntamiento en el número 690778517.
El Cristo del Paño y la Iglesia de la Encarnación
Bajo el castillo se encuentra la Iglesia de la Encarnación, erigida a principios del siglo XVI. En su interior se conserva el principal tesoro de Moclín: un cuadro regalado por los Reyes Católicos como muestra de su vinculación con el pueblo.
La obra representa a Jesucristo portando una cruz y es conocida como el Cristo del Paño. El cuadro sale en procesión cada 5 de octubre en una romería que reúne a miles de personas procedentes de la provincia de Granada y de la provincia de Jaén, con la que Moclín es casi fronteriza.
La denominación del Cristo del Paño no se debe a que la imagen porte una tela, sino al milagro que se le atribuye por haber sanado a un sacristán que probablemente tenía cataratas y que se cubría los ojos con un paño o velo.
Sobre su origen existe controversia. La tradición sostiene que fue utilizado por soldados católicos durante la Reconquista y posteriormente regalado al pueblo. Sin embargo, algunos historiadores consideran que la obra podría ser posterior, quizá realizada por algún seguidor de Tiziano, cuya influencia ven con claridad.
La polémica también alcanza a lo ocurrido durante la Guerra Civil. El lienzo fue enrollado y escondido en la iglesia. Algunos dan por cierto que, para evitar riesgos, el Arzobispado de Granada ordenó su traslado a la catedral, donde permaneció oficialmente hasta el final de la contienda.
Después, la obra original habría regresado a Moclín y para el templo de la capital se habría hecho una copia. También se plantea la posibilidad inversa, aunque la hipótesis de que el Cristo del Paño de Moclín sea el original se apoya en el deterioro del lienzo, posiblemente causado por los viajes de ida y vuelta.
Ruta del Gollizno y visitantes desde Jaén
Las bellezas de Moclín son compartidas, de algún modo, por Granada y Jaén. Es habitual que durante los fines de semana acudan visitantes de localidades jiennenses para realizar la ruta senderista del Gollizno.
Se trata de un recorrido circular de escasa dificultad que transita sobre el río Velillos. A su paso aparecen miradores, puentes, pasarelas y pinturas rupestres del neolítico.
El itinerario tiene unos ocho kilómetros y puede completarse en tres o cuatro horas, según el tiempo que se dedique a detenerse y hacer fotografías.
Moclín y un cielo propicio para ver estrellas
Moclín se encuentra en la comarca de Poniente, una zona que no está densamente poblada. Su ubicación a campo abierto permite que apenas haya contaminación, ni del humo de los coches ni lumínica.
Por ello, acudir en un momento propicio permite contemplar un cielo estrellado y limpio, un paisaje que invita a imaginar cómo serían las cosas hace más de cinco siglos y a sentirse parte de la historia.



