El presidente de la Junta defiende en su toma de posesión que el acuerdo con la extrema derecha forma parte de la «vía andaluza», mientras la oposición le acusa de haber abandonado el modelo de moderación que hizo bandera durante años
Juan Manuel Moreno Bonilla ha iniciado oficialmente su tercer mandato como presidente de la Junta de Andalucía defendiendo que el pacto de gobierno alcanzado con Vox no altera la esencia de la denominada «vía andaluza», el concepto político con el que ha construido buena parte de su liderazgo durante los últimos años. Sin embargo, su discurso ha llegado apenas unos días después de cerrar un acuerdo que incorpora a la extrema derecha al Ejecutivo autonómico y asume parte de sus principales postulados programáticos, un giro que continúa alimentando el debate político sobre la evolución del proyecto del Partido Popular andaluz.
Durante el acto de toma de posesión, celebrado en el Palacio de San Telmo, Moreno aseguró que seguirá siendo «fiel a sí mismo» y defendió que «los valores no cambian», insistiendo en que la «vía andaluza de serenidad y diálogo sigue vigente». El presidente sostuvo además que los acuerdos políticos forman parte de la democracia y rechazó los llamados «cordones sanitarios» entre formaciones políticas.
La paradoja de la «vía andaluza»
El discurso de Moreno Bonilla llega apenas 48 horas después de que fuera investido gracias a los votos de Vox y tras la firma de un acuerdo de legislatura que otorga a la formación de Manuel Gavira una vicepresidencia de la Junta y competencias de gobierno.
Precisamente durante la campaña electoral, el líder del PP había presentado la «vía andaluza» como un modelo basado en la moderación, el diálogo y la centralidad política, diferenciándose de otros gobiernos autonómicos sostenidos por pactos con la extrema derecha. Ese mensaje fue uno de los principales ejes de su estrategia política y le permitió proyectar una imagen de perfil propio dentro del Partido Popular.
Sin embargo, la aritmética parlamentaria surgida de las elecciones ha desembocado en un escenario muy distinto. El nuevo Ejecutivo incorpora por primera vez a Vox al Consejo de Gobierno andaluz y recoge en su acuerdo medidas impulsadas por la formación de extrema derecha, entre ellas el principio de «prioridad nacional», cambios en políticas de memoria democrática o compromisos para revisar determinadas normas ambientales y de vivienda.
«Los acuerdos forman parte de la democracia»
Lejos de esquivar la polémica, Moreno Bonilla defendió expresamente el pacto durante su intervención.
El presidente afirmó que alcanzar acuerdos implica «compromiso, responsabilidad y cesiones» y reconoció que esos pactos pueden generar rechazo, incluso entre quienes los firman. Aun así, sostuvo que constituyen un elemento esencial del funcionamiento democrático y expresó su deseo de que la legislatura sea «larga y fructífera».
Además, lanzó un mensaje dirigido al conjunto de la sociedad andaluza al asegurar que su Gobierno pretende seguir siendo «inclusivo» y que en Andalucía «cabemos todos», independientemente de la opción política elegida en las urnas.
La oposición acusa al PP de abandonar la moderación
Las explicaciones del presidente no convencieron a los partidos de la oposición.
Desde el PSOE andaluz, su secretaria general, María Jesús Montero, aseguró que la «vía andaluza» que Moreno reivindica «ha quedado enterrada» tras el acuerdo con Vox y acusó al presidente de haber renunciado al perfil moderado que defendió durante la campaña electoral.
También desde las fuerzas de izquierda se insiste en que el pacto no puede interpretarse únicamente como un acuerdo de estabilidad parlamentaria, sino como un cambio de orientación política al incorporar al Gobierno propuestas que el propio Moreno había rechazado públicamente en el pasado.
Un acuerdo que marca el inicio de la legislatura
El nuevo Ejecutivo andaluz nace con un pacto de 150 medidas que garantiza la estabilidad parlamentaria durante los próximos cuatro años, pero que también sitúa a Vox por primera vez dentro del Consejo de Gobierno de la Junta.
Entre los compromisos asumidos figuran iniciativas relacionadas con inmigración, desregulación administrativa, memoria democrática, vivienda o medio ambiente, aspectos que han generado críticas por parte de organizaciones sociales, sindicatos y partidos de la oposición.
La presencia de Vox en el Ejecutivo representa un cambio relevante respecto a la etapa anterior, cuando el PP gobernó en solitario pese a necesitar el apoyo parlamentario de la formación de Santiago Abascal.
El reto de sostener el relato político
La principal incógnita que abre esta legislatura no es solo cómo funcionará la coalición entre PP y Vox, sino también si Moreno Bonilla logrará mantener el relato político de la «vía andaluza» mientras gobierna con un socio al que durante años presentó como incompatible con ese modelo.
El presidente insiste en que sus principios siguen intactos y que los acuerdos no modifican la esencia de su proyecto político. Sin embargo, tanto la oposición como numerosos analistas consideran que la entrada de Vox en el Gobierno supone un punto de inflexión que cuestiona la imagen de moderación que había distinguido al líder popular durante sus anteriores mandatos.



