El presidente conquista su cuarto mandato frente a Flávio Bolsonaro en una región dividida y con el desafío de negociar su agenda ante un Congreso conservador.
Luiz Inácio Lula da Silva ha ganado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas del 25 de octubre y ha asegurado su cuarto mandato. La derrota de Flávio Bolsonaro mantiene a Brasil bajo un gobierno de izquierda y frena la expansión regional de las fuerzas conservadoras, en un momento de creciente influencia de los dirigentes próximos al presidente estadounidense, Donald Trump.
El triunfo culmina una remontada respecto a la primera vuelta. Según el Tribunal Superior Electoral, Bolsonaro había obtenido el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % de Lula. El presidente logró invertir esa ventaja en la votación decisiva, de acuerdo con las informaciones coincidentes de Reuters, Folha de S.Paulo y otros medios.
La continuidad de Lula tiene una dimensión que trasciende la política brasileña. Brasil y México, con Claudia Sheinbaum al frente, conservan gobiernos de izquierda, mientras Uruguay mantiene la orientación de centroizquierda de Yamandú Orsi. La presidenta mexicana felicitó al mandatario brasileño tras conocerse su victoria.
En buena parte de Sudamérica, el escenario es distinto. Argentina, Chile, Colombia, Perú y Paraguay cuentan con gobiernos situados a la derecha del espectro político. Ecuador y Bolivia se encuadran en posiciones de centroderecha, aunque estas etiquetas agrupan proyectos distintos y no implican que exista una política común entre todos ellos.
El resultado brasileño limita, por tanto, la extensión de ese giro conservador, sin alterar los gobiernos de los países vecinos. El mapa regional muestra la coexistencia de orientaciones políticas diferentes y ayuda a entender la relevancia de Brasil como interlocutor en las relaciones entre sus socios latinoamericanos.
Según el análisis de Folha de S.Paulo, Lula deberá combinar la defensa del multilateralismo y de los espacios de integración regional con relaciones pragmáticas con gobiernos de otro signo. Las diferencias con dirigentes como el argentino Javier Milei y el colombiano Abelardo de la Espriella forman parte de ese escenario diplomático.
El principal obstáculo interno será parlamentario. Reuters señala que el presidente tendrá enfrente un Congreso fuertemente conservador, capaz de condicionar sus iniciativas. Ganar la Presidencia no garantiza disponer de los apoyos necesarios para aprobar el programa de gobierno.
La próxima etapa estará también marcada por el debate económico. Durante la campaña, Lula defendió el refuerzo de las ayudas sociales, la renegociación de deudas y propuestas como el transporte público gratuito los fines de semana. Associated Press recogió las dudas sobre su financiación y sostenibilidad. La capacidad de alcanzar acuerdos y responder a las necesidades de los hogares será una de las pruebas centrales de su nuevo mandato.
«Soy pesimista con la inteligencia, pero optimista por la voluntad». — Antonio Gramsci, carta a Carlo Gramsci, 19 de diciembre de 1929.
Mapa del contexto regional

Porcentajes de la segunda vuelta




