Las calles de Teherán volvieron a desbordarse este lunes con una de las mayores concentraciones humanas registradas en el país en los últimos años. Decenas de miles de iraníes acompañaron el cortejo fúnebre del ayatolá Ali Khamenei, asesinado durante los bombardeos lanzados por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, en una ceremonia que combinó el duelo nacional con una contundente exhibición de cohesión política y de rechazo hacia Washington.
El féretro de Khamenei, junto con los de cuatro de sus familiares fallecidos en el mismo ataque, recorrió la capital sobre un camión mientras una multitud vestida de negro avanzaba entre banderas iraníes, estandartes rojos y retratos del histórico líder religioso. Desde edificios y puentes, las autoridades utilizaron mangueras de agua para aliviar las altas temperaturas que soportaban los asistentes durante la procesión.
A lo largo del recorrido, el ambiente estuvo marcado por constantes consignas contra Donald Trump, a quien numerosos participantes responsabilizaron directamente de la muerte del líder iraní. Entre los manifestantes podían verse pancartas con mensajes como «Estados Unidos mató a nuestro padre. No los dejaremos escapar», además de carteles con fotografías de Trump, del vicepresidente JD Vance, del secretario de Defensa Pete Hegseth y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu dentro de una mira telescópica, acompañados por la advertencia de que «habrá sangre». También fueron quemadas banderas de Estados Unidos y del Reino Unido, mientras parte de la multitud exhibía carteles con la frase «Kill Trump».
La ceremonia constituye el punto culminante de una semana de homenajes organizada por la República Islámica tras la muerte de quien dirigió el país durante casi cuatro décadas. Las autoridades iraníes han buscado convertir el funeral en un símbolo de resistencia nacional y en una demostración de que las estructuras del régimen permanecen intactas pese al asesinato de su máximo dirigente.
Tras su paso por Teherán, los restos de Khamenei continuarán un recorrido por distintos lugares sagrados de Irán e Irak antes de recibir sepultura definitiva en Mashhad, su ciudad natal. Entretanto, el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, continúa sin aparecer públicamente, alimentando las especulaciones sobre su estado de salud después del ataque que acabó con la vida de su padre y de varios miembros de su familia.



